25 noviembre 2020

La humillación de la pólvora

Imagen: Cabrero ordeñando en Lomo Blanco, Gran Canaria, 1925. (Adolf Jessen).

«Los abusos de aquellas miserias humanas se extendieron por todo el sur de la isla, siempre habían abusado de su poder ilimitado, ejerciendo el derecho de pernada hasta los años setenta, la explotación y la esclavitud en los tomateros, hacían lo que les daba la gana, por eso dieron tantos nombres en las listas negras de a quienes había que asesinar simplemente por odio de clase, así son esta escoria, jamás cambiarán, tienen las manos manchadas de sangre indígena, de sangre obrera durante el genocidio fascista.» Juan Jesús Bordón Trujillo

«(…) Los hijos del Conde iban ese día con la cuadrilla de falangistas que mandaba el mayordomo, Paco Araña, por la subida de Pajonales, no tenían otra cosa mejor que hacer, que muy borrachos disparar contra la cabras de Juanito Peinado. El pastor se echaba las manos a la cabeza y se cubría de la balacera, mientras el resto de fascistas los vitoreaba cuando el tiro era certero, primero dos baifos (1) recién nacidos, luego su madre, el macho, varias cabras jóvenes. Nosotros éramos niños del Barranquillo Andrés, pero sabíamos que aquello no era de risa, que era acabar con el sustento de Juan, que era terrible matarle el único recurso de vida que tenía. Luego los jóvenes caciques mandaron a sus sicarios a recoger las «piezas de caza», como las llamaban, uno de los baifitos todavía se movía y Borja del Castillo ordenó darle un tiro en la cabeza. Juan se arrodilló ante ellos: -Mis amos no sigan, es lo único que tengo pa que sobreviva mi familia, tengo cinco hijos, mi mujer y mi padre encamado con una enfermedad muy grave- Los cachorros de la aristocracia isleña, Grandes de España, no entraron en razones y siguieron disparando contra el resto del ganado con los máuser, las cabras corrían despavoridas, aquello era un escándalo y daban ganas de coger un palo y romperles las cabezas a aquellos dos sinvergüenzas. Pedro Del Toro, uno de los jefes de los balillas me vio mala cara y se me acercó: -¿Qué te pasa Santiago? mira que conozco bien a tu padre y se que nunca se le ve en misa- A mi me dejó helado pensar en la posibilidad de que se llevaran al viejo, de que lo tiraran por alguno de aquellos acantilados como hacían cada noche en Risco Blanco. Mi hermano Pedro y yo nos alejamos, luego desde la Degollada de la Perra vimos como le daban patadas y culatazos al pobre Peinado por quejarse de aquella afrenta. Les oímos decir a las dos altezas: -Ahora vamos a follarnos a tus hijas gemelas- Luego partió toda la comitiva chupando ron como en una romería de Santiago El Chico, con Juan Peinado amarrado y arrastrado por el suelo con el caballo blanco más grande del Condado. Sentimos mucha tristeza, nos quedamos allí sentados sin decir nada, mirando como se perdían camino de Veneguera…»

(1) Cría de cabra en la lengua de los indígenas canarios.

Testimonio de Enriquito Santiago Alonso, vecino en su infancia del municipio de Mogán, en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 7 de septiembre de 2010, en Lomoquiebre (Mogán).

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