30 junio 2022

La Isleta y la sangre

Asesinatos fascistas en las calles de Sevilla (1936)

«Los falangistas nos obligaban a limpiar el reguero de sangre que dejaban los camiones cargados de hombres fusilados bajando por el barrio hasta la calle Albareda para luego atravesar toda la ciudad hasta el cementerio de Las Palmas».

Carmita Déniz Mederos, vecina de La Isleta en los años del genocidio

Por las calles de La Isleta corría la sangre tras la voladura con dinamita de la Casa del Pueblo por parte de los falangistas, sabían que ese barrio de Las Palmas GC era republicano y obrero, que el movimiento revolucionario habitaba en cada casa humilde de aquel laberinto insular de callejones perdidos.

Luego empezaron las detonaciones durante varios años en el campo de tiro, primero el estruendo de los fusilamientos, luego los disparos de gracia, los camiones cargados de muertos bajando la calle Faro dejando un reguero de sangre que atravesaba toda la ciudad.

Había gente que increíblemente por los sonidos de las armas sabían los ejecutados de cada día, de cada semana, de cada mes, aquella vecindad pasó en poco tiempo de ser la efervescencia social de la isla, a un territorio de humillación y miedo, tan solo los escasos topos bajo la tierra mantenían a su manera la absurda valentía, en la oscuridad y la tenue luz de las velas, los susurros, escondidos para siempre en la antesala del averno.