14 agosto 2020

La memoria de Diego siempre viva (11)

Foto de autor desconocido, con Lorenzo, mi padre Diego con un perrito en brazos y Paco, días después del asesinato de su hermano Braulio.

«(…) Desde que fusilaron a tu abuelo Pancho en el campo de tiro de La Isleta el 29 de marzo del 37 vinieron a por nosotros, ni siquiera respetaron el luto de dos asesinatos fascistas en la familia en menos de seis meses, aparecieron bajando la Carretera General de Tamaraceite en un coche negro grande, un Ford de lujo prestado por Eufemiano Fuentes a los que se llevaban a los niños de los comunistas.
Dos hombres altos y bien vestidos tocaron en la puerta con carpetas de cuero bajo el brazo, tu abuela Lola les abrió y le ordenaron que llamara a sus tres hijos, nosotros salimos descalcitos, desnutridos por el hambre. Lorenzo con solo dos años no paraba de llorar, había visto como los falangistas mataban a Braulio el 24 de diciembre del 36 delante de nosotros, tu tío Paco y yo nos quedamos allí de pie, el falange que llevaba bigote finito y gafas negras nos tocó la cabeza buscando piojos, también nos abrió la boca para vernos los dientes, le iba diciendo al otro hombre cosas que nosotros no entendíamos porque hablaban con acento peninsular.
Tu abuela se quedó paralizada en la entrada de la casa, sabía que nos secuestraban, que no nos iba a ver en muchos años, tal vez para siempre, porque ya todo el mundo estaba al tanto que los franquistas robaban niños, los vendían a familias con mucho dinero. El hombre más alto nos cogió por los brazos y nos llevó hacia el coche aparcado en medio de la calle, nosotros gritábamos de miedo, llorábamos sin parar, tu abuela intentó pararlos, pero el otro hombre la cogió por los pelos y la tiró al suelo llamándola ¡Puta roja!, los vecinos miraban por las ventanas entreabiertas, nadie dijo nada, había mucho miedo, Lorenzo vino corriendo y se agarró de mi mano, pero ya estábamos en el sillón de atrás del coche, cerraron la puerta, solo vimos a tu abuela corriendo detrás y gritando, tu tío Paco se abrazó a mi, los dos nos quedamos mirando por la ventana hasta que tu abuela se hizo chiquitita, el polvo del camino de tierra no nos dejó ver más allá de la niebla de nuestras lagrimas…»
Extracto de la entrevista a mi padre Diego González García realizada el 16 de mayo de 1997.
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