22 septiembre 2020

La memoria de Diego siempre viva (12)

» (…) Yo le dije a tu abuela que era mejor no salir esa tarde a buscar los plátanos que nos daba cada jueves Paquito Machado, el coche negro esta aparcado un poco más abajo de nuestra casa, como siempre había dos hombre dentro que no paraban de vigilarnos. Casi no teníamos comida, solo quedaba un poco de gofio que amasábamos con el agua salobre de la tubería de los Naranjos. Aquellos hombres eran fascistas, de los mismos que habían participado en el asesinato de mi hermano el niño Braulio, también se encargaron de testificar en el Consejo de Guerra diciendo un montón de mentiras pa que fusilaran a tu abuelo Pancho. Yo salía a jugar con mis amigos y sus miradas eran de odio, si hubieran podido nos hubieran matado también a nosotros.
En esos día ya sabíamos que nos iban a llevar a todos los hermanos a la Casa del Niño, que tu abuela se iba a quedar sola con Lorenzo por que tenía dos años. Esa misma tarde jugábamos al fútbol en la misma carretera y la pelota de trapo dio en la rueda del coche negro, entonces uno de los hombres con chaqueta, corbata y un sobrero canelo salió del coche y me cogió del brazo, me levantó en peso por las orejas, luego me puso la pistola en la frente y le dio al cargador. Yo cerré los ojos, me creía que me iba a matar allí mismo, tu abuela salió desalada al oír los gritos de aquel somatén, se puso de rodillas y le rogó que no me disparara, entonces el otro hombre vino por su espalda y le dio un golpe en la cabeza con una porra pequeña de hierro. Ella perdió el conocimiento en un charco de sangre, cuando el fascista me soltó la abracé en el suelo. Allí nos quedamos un buen rato, yo pensaba que estaba muerta, pero me apretó la mano como hacía cuando íbamos a dormir, los dos falangistas volvieron al coche, uno de ellos tomaba notas en una libreta pequeña. Los vecinos pasaban y nadie se acercó a nosotros por miedo, nadie miraba, nadie ayudaba, nadie decía nada… «

Fragmento de la entrevista a mi padre Diego Gonzalez García, el 8 de abril de 1998.
Imagen: Foto del director de cine Carlos Reyes Lima, para el documental «La memoria interior, los fusilados de San Lorenzo».
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