22 septiembre 2020

La Virgen de los sicarios.

Imagen: Visita del General Franco a la Villa de Teror. Julián Hernández Gil, 1950. Legado de Vicente Hernández Jiménez. Archivo de Fotografía Histórica de Canarias Fedac/Cabildo de Gran Canaria.

«Eran cuervos negros entrando y saliendo de la Basílica, hablaban muy bajo entre ellos, no disimulaban su apoyo a los miles de crímenes y parecían refugiarse como cobardes bajo las enaguas de la Virgen.» Sólita Lujan Viera.

«(…) En septiembre del 36 se suspendió la Fiesta del Pino por la Guerra, solo hicieron misas los curas y acudieron las autoridades de Las Palmas celebrando el golpe de estado fascista, en ese mes ya habían matado a miles de republicanos, la Sima Jinámar estaba llena de cadáveres, y algunos de los cuerpos que tiraban dentro de sacos de plátanos con piedras dentro por la Marfea, salían flotando en el barrio marinero de San Cristóbal, la matanza ya era generalizada y parecía que era la mayor ofrenda de los fascistas a la Patrona de la isla de Gran Canaria, la Virgen que los curas habían colocado en un pino sagrado de más de trescientos años, el mismo que adoraban los indígenas por su grandeza. No hubo fiesta no, no hubo romeros caminando por el Camino Real de San Lorenzo, no hubo ventorrillos, ni ron, ni cantos, ni timples, solo se oían los disparos de los paseos de madrugada, los gritos de las torturas, los canticos de los falangistas borrachos como cubas sacando casa por casa a los detenidos para asesinarlos. Fue un día del Pino terrible, ya nunca fue igual al de los años anteriores a pesar de la pobreza y las injusticias, la sangre había manchado el manto de la Virgen para siempre…»

Testimonio de Carmita Yánez Falcón, vecina de El Palmar de Teror entre los años 1910-1938, antes de emigrar a Venezuela.Entrevista realizada por Francisco González Tejera, en el barrio de El Teque (Caracas), el 13 de julio de 1999.

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