20 octubre 2020

Las entrañas de la bestia

Imagen: Campaña contra la tortura (Amnistía Internacional).

«La tortura era sistemática en cualquiera de las Comisarías de Falange, también en las Casas de Detención que montaron para maltratar a cientos de detenidos. Había un falangista, un tal Simón Suárez, carpintero del barrio de San Juan, que tenía ratas adiestradas y se las echaban a las mujeres, mordían y comían con una especie de anestesia en la saliva que destrozaban por dentro, fue de lo peor que vi, aunque todo lo que salía de aquella gentuza era malo.» Juan Ezequiel Durán Hernández

«(…) Lidia Socorro González, era la única de nosotras que estaba embarazada, cuando la vieron enseguida la apartaron y la llevaron a una habitación del fondo, a nosotras nos dejaron en el patio donde recuerdo que había un gran drago y helechos muy grandes colgados del techo. La casa estaba en la trasera de la calle Triana, a unos doscientos metros del Gobierno Militar. En la planta alta se escuchaba una conversación a gritos, una mujer discutía con un hombre sobre algo relacionado con las detenciones, nosotras tres estábamos allí con las manos amarradas y la ropa destrozada, casi desnudas, con nuestros camisones llenos de sangre de lo que nos habían hecho en Los Giles. Nos vigilaba un falange muy joven que nos apuntaba con un fusil, era un chiquillo que yo había visto más de una vez en el Mercado de Vegueta descargando cajas de tomates del camión de los Betancores, era hijo de alguno de los encargados que ahora se encargaban de detener y matar. Al rato empezamos a oír los gritos de la pobre Lidia: -Con ratas no por favor, con ratas no- decía, entonces nos abrazamos las tres y el chiquillo cargó el fusil. Eran alaridos de dolor, en mi vida había escuchado algo así, también escuchamos: -La que va a parir de un rojo es tu puta madre asquerosa come pollas- dijo una voz ronca de hombre que parecía borracho. Entonces vinieron dos hombres, uno con uniforme de Falange muy gordo y sudoroso, el otro era militar, tenía estrellas en el hombro, capitán o teniente. Nos empujaron también hacia el fondo de la casa y cuando llegamos vimos a Lidia sobre una camilla de hospital, con las piernas abiertas amarradas a cada lado y varias ratas negras enormes de cloaca caminando sobre sus pechos, nosotras nos quedamos paralizadas: -Esto es lo que le hacemos a las putas que andan jodiendo con rojos- dijo el falangista gordo, Lidia estaba sin conocimiento y la sangre le corría por los muslos hasta el suelo, ya no gritaba ni pedía que la dejaran tranquila, se la habían comido por dentro…»

Testimonio de Rosarito Rodríguez Vera, vecina de Tenoya (San Lorenzo), en los años del golpe fascista y la posterior represión.

Fragmento de la entrevista realizada por Francisco González Tejera, en 7 de julio de 1997, en Hoya de La Plata (Las Palmas GC)

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