14 agosto 2020

Foto/TaxiBoat Gran Canaria

Salíamos a la orilla de la playa cuando los escuchábamos, eran como risas aquellos chillidos alegres, saltaban, jugaban y nos traían la pesca necesaria, bancos inmensos de sardinas y caballas que huían de los cetáceos y que casi podíamos agarrar con las manos.

Juan «El Chispa» Sánchez Ramírez

«(…) Barranco arriba en aquella cueva pasábamos el día entero, solo salíamos cuando comenzaba el sol a caer en el horizonte, Guguy siempre fue solitario, lo sigue siendo, pero no nos fiábamos de los barcos de pesca que venían de La Aldea o de Mogán, allí el banco pesquero era muy abundante, desde la atalaya de nuestro escondite veíamos pasar cada embarcación, también los buques de guerra o las barquillas atuneras tomadas por los falangistas que navegaban cerca de la orilla buscando republicanos evadidos. Antonio Roca y yo estuvimos allí casi año y medio desde que salimos de San Nicolás la noche que llegaron los falanges de Las Palmas y Agaete para cazarnos, los dos fuimos jornaleros, aparceros, empleados de Correos, sindicalistas de la CNT y hasta maestros de escuela en los pagos perdidos de La Aldea de San Nicolás y Artenara, le pegábamos a casi todo, eramos jóvenes, anarquistas y revolucionarios, hasta entrenadores de fútbol fuimos en aquellos años desde que vinimos juntos desde el Puerto de Cádiz. En el barranquillo poníamos a secar el pescado, no nos faltó la comida y el agua, porque en ese barranco hay manantiales y corre el agua gran parte del año. Nos bañábamos en las charcas que nos llegaban por la cintura, allí más de una vez pescamos anguilas que subían desde el Mar de los Sargazos a recuperar su lugar de nacimiento hasta la muerte. Veíamos venir por las tardes casi anocheciendo a los grupos inmensos de delfines desde el horizonte, pareciera que nos conocieran porque no se espantaban cuando nos metíamos en el agua con ellos, saltaban por encima de nosotros, nos rozaban bajo el agua con suavidad, como invitándonos a jugar y sumarnos a su fiesta natural. También se acercaban ballenas, yo por un libro viejo que tenía de ciencias naturales identifiqué cachalotes, rorcuales gigantescas y hasta jorobadas, otras no sabíamos de que especie eran, solo que su tamaño era casi sobrenatural. Allí nos pasábamos las horas en la arena en total soledad viendo aquellos seres expulsar el agua al cielo en su respiración de colosos, su canto que nos acompañaba incluso en la caverna mientras nos acurrucábamos cada noche arropados por una manta de envolver los racimos de plátanos. De esto ya han pasado más de cuarenta años, desconozco como está ese barranco y esa playa, si se ha librado de las construcciones masivas en el litoral canario, pero guardo unos recuerdos que jamás se me borrarán de la memoria. Al pobre Antonio le pasaba igual, pero cayó en combate a los pocos días de sumarnos a «La Resistencia», durante la ocupación nazi de Francia…»

Testimonio de Evaristo Corral Gallego, entrevista realizada en Zafra (Badajoz) el 5 de enero de 2002.

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