2 diciembre 2020

Los crímenes del Gabinete literario

Imagen: Dibujo que reproduce cómo se sacaban los cadáveres de las cámaras de gas en Auschwitz; dibujo de David Olére, miembro de un Sonderkommand.

«Había varias comisarías de Falange en la ciudad de Las Palmas, las más brutales eran las de la calle Luis Antúnez, actual colegio la Salle y el Gabinete Literario, los descuartizamientos, los ahorcamientos o colgar por los ojos con ganchos de trinchar pescado a cientos de hombres fueron la práctica más habitual…» Demetrio Castillo Armas

«(…) Cuando Íbamos en el coche, Las Palmas era un caos de hombres detenidos que llevaban de un lado a otro, a mi grupo le tocó el Gabinete Literario, éramos unos quince muchachos todos de la JSU, en su mayoría vecinos de barrios del municipio de San Lorenzo. Desde que llegamos a mi me separaron del resto, posiblemente por mi edad, acababa de cumplir quince años la semana anterior. Me pusieron con las manos amarradas a la espalda en el centro de un gran patio que no tenía techo, llovía mucho aquella tarde de noviembre del 36, recuerdo que era el Día de los Difuntos y por eso los falangistas llevaban todos un crespón negro en sus brazos. Al momento empecé a escuchar los gritos, más bien alaridos de dolor de mis compañeros, voces de amigos que conocía, que estaban siendo descuartizados por aquellos pistoleros al servicio del Conde de la Vega Grande, de Matías Vegas, de Eufemiano Fuentes y de otros caciques. Pasaron las horas y nadie se ocupaba de mi, el sargento falangista Ezequiel Betancor entraba y salía con un delantal lleno de sangre, el conocido platero Mauricio, que era otro jefe de aquella banda fascista me miraba y se sonreía, luego supe que le gustaban los niños. Dentro era un infierno de chillidos, ruegos, llantos, hasta rezos pidiendo piedad escuché. Allí me tuvieron toda la noche, vi llegar los grupos de hombres que ponían en fila y los iban entrando en grupos de dos o tres para torturarlos, en muchos casos hasta la muerte, también vi mujeres que llevaban a otros salones de la planta alta para violarlas y vejarlas. Se veían hombres vestidos de paisano, jornaleros que sacaban cadáveres entre dos y los metían en sacos de papas, la sangre se mezclaba con el agua de lluvia y parecía un río rojo, luego los amontonaban en una puerta trasera que daba a la zona de la calle Triana, hasta que iban llegando coches particulares de los falangistas y algún camión que se los llevaban para desaparecerlos en cualquier rincón de la isla, en simas volcánicas, en pozos profundos, en el mar. Estuve toda la noche sin dormir y de rodillas en aquel patio inmenso, ya casi amaneciendo vinieron tres flechillas y dos balillas y me sacaron a golpes a la calle, me daban patadas y culatazos. Luego me metieron en un coche y me llevaron al campo de concentración de La Isleta, no volví a ver a mis compañeros…»

Testimonio de Domingo Rodríguez Ascanio, vecino del Dragonal Bajo, antiguo municipio de San Lorenzo, en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 8 de mayo de 1998, en el barrio de Isla Perdida, Tamaraceite, (Las Palmas GC).

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