23 de octubre de 2026

Los secretos de Cayetana

«A ellos se los llevaron porque molestaban al proyecto económico y hoy se pretende que nuestro pueblo siga pagando con el hambre… Pasaron años sin que entendiéramos que la deuda tenía que ver con las y los 30 mil detenidos desaparecidos.»

Nora Cortiñas (Co-fundadora de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora)

Es difícil repasar los debates en el Congreso sin sentir una mezcla de rabia e impotencia. Que quienes ocupan un escaño se desgarren las vestiduras hablando de la libertad a miles de kilómetros, mientras se les traba la lengua para condenar el terrorismo de Estado que sufrimos en nuestra propia tierra, es una falta de respeto a la historia. Como familiar de asesinados por el franquismo —alguien que sabe lo que es crecer con el peso del silencio, el desamparo institucional y la eterna espera al borde de una cuneta—, me resulta intolerable la doble vara de medir con la que se juzga el horror en el parlamento.

El comportamiento de Cayetana Álvarez de Toledo retrata a la perfección esta indignante selectividad. La diputada del Partido Popular, que suena con fuerza en todas las quinielas para ser ministra en un probable próximo gobierno de las ultraderechas, vuelve a demostrar que sus lecciones de moral tienen fronteras muy bien definidas. Es inadmisible que alguien que aspira a gestionar el Estado se resista a condenar con la misma rotundidad la dictadura militar argentina, un régimen atroz que dejó la terrible cifra de treinta mil desaparecidos y que, para colmo, mantuvo lazos estrechos y favores cruzados con el franquismo en España. Ambos regímenes bebían de la misma crueldad.

Aquí es donde el dolor se vuelve universal y tumba cualquier frontera ideológica. Hay un puente invisible pero sangriento que une la historia de ambos países: la táctica del exterminio y la desaparición. El calvario de una Madre de Plaza de Mayo que caminó en círculos en Buenos Aires buscando el rastro de una hija arrojada al mar es exactamente el mismo calvario de una nieta española que hoy, en pleno siglo XXI, sigue peleando contra la burocracia para sacar los huesos de su abuelo de una fosa común. La tierra que oculta los cuerpos en una cuneta de Extremadura guarda el mismo horror que el barro del Río de la Plata. La desaparición forzada no es un debate político, es una herida abierta que no entiende de hemisferios.

Cuando se le afea esta postura, la defensa de la diputada y de su entorno siempre recurre a los mismos argumentos: que si se trata de ataques partidistas del Gobierno, que si son debates «antiguos» o incluso sacando a relucir el exilio de su propia madre. Pero la historia familiar no puede usarse como un escudo para evitar el compromiso político en el presente; al contrario, tener raíces marcadas por ese dolor debería ser el mayor motor para plantar cara a cualquier tiranía, sin matices ni rodeos.

Al negarse a condenar con la misma fuerza a Franco que a Videla, Álvarez de Toledo despoja de toda autoridad sus discursos sobre la libertad internacional. Los derechos humanos no son una mercancía electoral que se usa cuando conviene y se esconde cuando incomoda. Mientras la derecha española siga manteniendo este silencio cómplice con las dictaduras que nos tocaron de cerca, sus proclamas democráticas seguirán sonando vacías y profundamente cínicas.

Esta alarmante equidistancia de Álvarez de Toledo cobra pleno sentido cuando se observa la deriva de su propio partido en los territorios donde gobierna. El PP ha decidido atar su destino a Vox, una formación que no oculta su nostalgia por la dictadura. Allá donde gobiernan en coalición, la primera factura que pagan los populares es la trituración de las leyes de memoria democrática, sustituyéndolas por eufemismos que pretenden blanquear cuarenta años de represión y equiparar a las víctimas con sus verdugos. Que una potencial ministra calle ante Videla no es un descuido: es la consecuencia lógica de un partido que, para alcanzar el poder, no tiene reparos en arrodillarse ante la extrema derecha fascista y vender la dignidad, la justicia y el derecho a la reparación de miles de familias españolas. Mientras sigan borrando la memoria a golpe de decreto, sus proclamas serán puro cinismo y colaboracionismo con el fascismo.

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