27 de julio de 2026

«De lo que tengo miedo es de tu miedo.»

William Shakespeare

—El miedo era verde y se lo comió una cabra- Decía Diego cuando la oscuridad se volvía tenebrosa y evocaba los años del crimen y los hombres de azul recorriendo la Carrerera General.

De alguna forma extraña sabía que mis temores infantiles venían de aquel abismo insondable de horror y soledad. Desde la noche que le destrozaron la cabeza al “niño chico”, como le llamábamos en la familia.

De eso no se podía hablar, tampoco del fusilamiento de Pancho, ni de la cárcel de Juan; y si lo hacían las mujeres, mi abuela y mi madre, era entre susurros imposibles de entender jugando desde el suelo, revolviendo la tierra con una pala de playa junto a la perrita Estrella que me miraba con ternura.

No se podía descifrar algo que no se verbalizaba, pero que se metía entre los poros de la conciencia. Yo no sabía quién era el bebé Braulio, aunque lo intuía, percibía que estaba en algún lugar tras aquel entierro clandestino dentro de una caja de tomates, envuelto en la sábana blanca manchada de sangre con remiendos rojos:

—El miedo no existe, se murió entre la hierba y el ganado de Manolito-

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