24 septiembre 2021

Niño sin cuna ni arrullo

En la zona del Levante, desde Castellón a Murcia y algunas zonas de Cataluña y Andalucía, incluso las Islas Canarias, el rito funerario que se practicaba si era un niño

«Aquella puta enfermedad no dejaba llegar a la mayoría de los niños a cumplir su primer año, por eso no les hacíamos la Partida de Nacimiento, acababan en sus cajitas blancas con cara de ángel, los falangistas no perdonaban a nadie, ni siquiera a los padres que peleaban contra la miseria y el hambre de lo que ellos llamaban Posguerra, el genocidio fue brutal, miles fueron asesinados solo por pensar de otra forma, los chiquillos yo creo que se morían de tristeza por la muerte de sus padres».

Teresa Fernández Ramírez (Curandera del barrio de Las Lagunetas)

El velatorio del pequeño Damián era en la humilde cama de su abuela Chona, llegaron vecinos caminando desde La Milagrosa y Marcuervo a la vieja casa de tejado de Almatriche, allí en el fondo del barranco Guiniguada, donde las aguas parecían inundar aquel invierno todo a su paso.

Cha María González seguía con su retahíla del Rosario y el Padrenuestro, un guineo imposible de parar, por instantes el padre de bebé, Manuel Demetrio, no entendía nada, solo dejaba seguir el proceso para respetar las creencias de la buena gente de aquel pago perdido junto a la fuente de los muertos.

No paraba de llover, gotas gordas, de tiempo del sur, las que inundaban todo, las que se llevaban todo lo malo cuando el desierto del Sahara se enfadaba y enviaba toda su arena a la noble tierra de Adargoma y Gumidafe, los delfines del gran luchador indígena conocido por Ayagaure.

Todo trascurría tranquilo hasta que el sonido de un coche interrumpió el ritual funerario, eran dos hombres vestidos impecablemente de blanco, junto a dos falangistas roneros, sucios, oliendo mal, con barba de varios días sin afeitar, la ropa llena de sangre de las ejecuciones en la finca del Conde de la Vega Grande en «La Noria» de Jinámar.

Manolo salió a su encuentro:

-¿Necesitan algo señores? Aquí estamos despidiendo a mi niño, el más chiquitito víctima de la jodida tuberculosis- Les dijo.

Uno de los hombres que enseguida conocieron como Manuel Millares Limiñana, jefe falangista de Las Palmas, el terror de los rojos lo llamaban, con cientos de crímenes a sus espaldas. El otro era uno joven que cojeaba copiosamente de la pierna derecha, se llamaba Luis de Ilurdoz Jiménez, todos tipos muy peligrosos.

Manuel los conocía bien de las sacas por los barrios de San José, San Roque, San Juan, El Risco de San Nicolás, donde se llevaron en unas pocas noches a más de doscientos hombres del Frente Popular que fueron asesinados y desaparecidos en pozos y simas.

Los cuatro fascistas se quedaron en el patio interior de la vivienda, persignándose un buen rato, incluso rezaron en un balbuceo ininteligible, hasta que mandaron a los dos sicarios de Falange con pistola al cinto a sacar al niño de su ataúd blanco, tirarlo al suelo, para revolver entre los colchones, cortándolos con navajas, la mayoría de la gente salió corriendo, solo retuvieron al padre del angelito, que le pusieron en las muñecas soga de pitera para que no se soltara.El pobre Damián yacía en el suelo con una venda que le agarraba la barbilla a la cabeza, un Rosario manchado de sangre estaba en el suelo volcánico del patio, junto al bernegal (1).

(1) Recipiente de barro de tamaño mediano y con forma achatada donde cae el agua que destila la pila, destiladera que se usaba en Canarias, y que hoy en día aún se ve aunque con menos frecuencia, como filtro natural para el agua. El bernegal es una pieza típica de la locería primitiva de las Islas. Existen muchos tipos de bernegales, según la isla e incluso dentro de la misma se hallan diferencias.