18 septiembre 2020

No se podía decir no

Imagen: Tabaqueras en Tenerife.

«(…) Cerca las cuatro la mañana ya venía caminando con las compañeras desde La Lechuza de San Mateo hasta la fabrica de tabaco La Favorita por encima del barrio San Roque, allí empezábamos la jornada a las siete la mañana si no había turno de noche ese mes, pa combatir el frío bebíamos la lechita de las cabras que ordeñaba la abuela Susa, nunca se me olvidaba la lechera y compartía con las tres amigas tras calentarla con una pequeña hoguera, Dolores que vivía en San Mateo y las hermanas Rosita y Amparo que eran de Las Meleguinas. Las cuatro sufrimos los abusos de aquel asesino, nos venía por detrás Cho Antonio el mayordomo y nos tocaba el hombro, negarse suponía no solo el despido, sino que podían acusar a tus hermanos o a tus padres de comunistas y matarlos, sabíamos que Eufemiano era muy poderoso, que era el jefe de la Falange en la isla, que había desaparecido a cientos de inocentes desde el 36 solo por pensar de otra forma, por tener ideas de la izquierda, miles fueron asesinados, tirados a la Marfea,
a los pozos, al fondo de los volcanes o fusilados en toda la isla. Por eso
negarse a que aquel monstruo te hiciera de todo era lo más peligroso que
habíamos vivido. Éramos chiquillas de campo, no sabíamos leer ni escribir,
nacimos trabajando, atendiendo a los animales de la familia, recogiendo papas
en invierno pa poder sobrevivir unos meses. Cuando te tocaba te llevaba a una
oficina que tenía en la parte de los secaderos, allí tenía un sofá muy grande,
de los que salían en las películas americanas, lo más terrible no era solo la
relación sexual, sino las palizas, que podías salir muerta de allí como otras
compañeras a las que asfixió con sus manos. A mi una vez me puso una pistola en
la cabeza y me pidió que hiciera cosas que no puedo contarte, no entendía el
sexo con amor y suavidad, todo eran golpes, insultos, humillaciones, no podías
negarte a nada porque te jugabas tu vida y la de tus familiares. Yo creo que
por eso nunca me casé, nunca moceé con los muchachos del pueblo, cuando llegaba el sábado solo pensaba en refugiarme en la casa, no le decía nada a mi madre ni a mis hermanos, aunque me veían cada vez más mustia, más triste, temblando con que llegara de nuevo el lunes…»

Fragmento de laentrevista realizada a Chani Dumpierrez Suárez, obrera tabaquera entre 1937 y 1941 en la fabrica de tabaco La Favorita, Las Palmas de Gran Canaria. Testimonio recabado en julio de 1997 en La Atalaya de Santa Brigida.

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