25 mayo 2022

Olvidar es morir para siempre

María Martín, sentada junto a la cuneta en la carretera de Buenaventura (Toledo), donde fue enterrada su madre de la que jamás recuperó sus restos. Documental “El silencio de otros”

«Conocí gente del pueblo engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente permanentemente vigilada por la policía, gente que durante innumerables veces fue víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia falsa».

José Saramago

Se están marchando las últimas voces de la memoria, mueren desconcertadas, decepcionadas con una democracia que no fue más que un fraude en toda regla, una mentira enlazada al discurso final del asesino, lo del todo atado y bien atado, aún sigue la soga sanguinaria en las manos de los gobernantes actuales, las que firman leyes y decretos de reparación, de dignificación, que solo sirven para seguir encubriendo a los genocidas.

Como María se ha ido gran parte de esa dignidad que esperaba a pie de fosa o cuneta; o que simplemente se sentaba a la vera de unos huesos enterrados sobre toneladas de impunidad, tan solo para sentir la extraña presencia, el amor masacrado de sus seres más queridos.

Ahora los del coche oficial, los de la farsa, las contrarreformas aprobadas por los pelos para seguir retorciendo el cuello de la clase trabajadora, siguen retrasando, posponiendo, boicoteando exhumaciones, esperan que la siguiente generación vayamos también muriendo hastiad@s de tristeza, sin esperanza, sin poder acariciar jamás, ni enterrar dignamente esos huesos amados.