20 septiembre 2020

Pandemia de clase

Efectivos policiales en la playa Bastián de Costa Teguise, isla de Lanzarote, donde siete inmigrantes magrebíes fallecieron tras encallar su patera en enero de 2018. EFE/ JAVIER FUENTES

El presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, aparece este domingo 7 de junio con la cara desencajada ante los medios informativos, preocupado por los positivos en Coronavirus de personas migrantes llegadas en patera a las islas estas últimas semanas. ¿Es qué acaso los que no son rubios del norte y no tienen tarjeta Visa Oro son los únicos que pueden contagiarse?

Su frase lapidaria en la primera página digital de La Provincia DLP, «Están llegando con positivo», sobre esta pobre gente que llega atravesando el mar en patera me genera mucho asco, sobre todo porque este mismo personaje es el que lleva desde el minuto 1 de la pandemia, junto a sus asesores, lanzando todo tipo de proclamas para que salgamos a las calles, para su particular «vuelta a la normalidad», que se abran los bares, la discotecas, las terrazas, que aunque no haya vacuna la planta alojativa isleña se llene de millones de giris antes del final de este mes de junio.

Resulta alucinante el acojono del susodicho, cuando la brutal realidad es que el virus llegó a Canarias precisamente desde Alemania, uno de los países con mayor número de turistas en esta tierra, pero claro son los empobrecidos los que pagan los platos rotos, los nadie, los que tienen que gastarse todos sus ahorros en pagar a la mafia de las pateras, para jugarse la vida tratando de llegar a las islas.

El presidente Torres en una reunión con la patronal turística de Canarias

De nuevo el sucio clasismo, el mismo que aplasta cuellos de personas negras en los Estados unidos, el mismo que utiliza a la clase obrera canaria como conejillo de indias para ver que pasa cuando llenen los hoteles de visitantes del norte, si enfermamos pues «habrá que hacer algo», caras largas, más inútiles asesores con sueldos millonarios, pero si sale bien todo serán celebraciones, juergas de una élite político-empresarial isleña que avergüenza al mundo, que juega con las vidas de la población con tal de quedar bien con la patronal turística y de la construcción, que le importa una mierda la seguridad y la salud de los canarios, que nos incluye sin nuestro permiso en todo tipo de «experimentos», saltándose las exigentes directrices de la Organización Mundial de la Salud, que pide cautela, ir despacio, evitar la movilidad masiva de visitantes, para evitar una nueva oleada que ya está cantada, que posiblemente será mucho peor que la primera.

El señor Torres, sus asesores, su gobierno PSOE-Podemos-Nueva Canarias y Curbelo, el cacique gomero, parecen no tener escrúpulos, se ríen de la democracia, explorando sus triquiñuelas, para que los de siempre se sigan forrando con el dinero del turismo, un dinero que como todos sabemos no se queda en las islas, sino que vuela directo a paraísos fiscales, donde la mafia internacional cosecha sus incalculables fortunas.

En Canarias seguirá la miseria, el hambre infantil, el desempleo masivo, la exclusión social de cientos de miles de familias sin ingresos, haya o no haya turismo, haya o no haya Coronavirus, la pobreza del pueblo canario se hará crónica, también la llegada de pateras con miles de desheredados huyendo de la otra miseria, de la inanición, del otro clasismo, el mismo que ahora enarbola este aventajado aprendiz de mayordomo del poder económico.

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