27 septiembre 2020

Remordimiento vivo

Imagen: Desfile falangista.

«(…) Usaron nuestras pistolas y fusiles pa asesinar a los muchachos que sacaban de sus casas de madrugada, los de Falange eran unos borrachos antes y después del golpe de estado, fulanos que los guardias los teníamos fichados por mala gente, no había sido la primera vez que los deteníamos en cualquier pleito en la calle, en alguna taifa o fiesta de barrio donde iban a buscar líos y a molestar a las muchachas, por eso me conocían. Eran gentuza, lo peor que podía haber en nuestra isla, pero se hicieron fuertes desde que comenzó el Alzamiento Nacional. Parecían caballeros de misa diaria, yo los conocía a todos de cuando patrullábamos con el viejo coche por los barrios, por eso supe desde el primer momento que eran capaces de matar y enseguida lo demostraron formando parte de las «Brigadas del amanecer», no eran más que niños finos de gente rica, familiares del Conde, el tabaquero Eufemiano, los chiquillos de los Betancores que eran fieras, el jefe requeté Francisco Rubio Guerra de Firgas que se hizo famoso por la venta de niños recién nacidos, el jefe falangista Del Río Ayala, los hermanos Barber y Bombín junto a tantos otros que se convirtieron a partir del sábado 18 de julio del 36 en unos asesinos. Yo no me rebelé, yo les dije que contarán conmigo cuando me pusieron el máuser en el pecho en la comisaría de la calle Triana, tenía un hijo y mi mujer embarazada, no podía permitir que también me pegaran un tiro y me lanzaran en cualquier pozo, se que no hice bien, toda la vida me he arrepentido y he vivido con este remordimiento, ¿Pero qué coño iba a hacer? Por eso me mantuvieron como guardia municipal en Las Palmas, se creyeron que yo era como ellos y por eso viví tantos crímenes, por eso lloré tanto tiempo en silencio cuando ellos no me veían, viendo como mataban a tantas buenas personas, como violaban a las mujeres en los centros de tortura de las calles Luis Antúnez y León y Castillo, como convirtieron lugares tan tranquilos como el Gabinete Literario en sucios bochinches pal crimen. La sangre llegaba al mercado de Vegueta aquellas noches de palizas hasta la muerte, ríos de sangre cuando colgaban a los hombres por los ojos con aquellos ganchos de hierro tan grandes que parecían anzuelos pa cazones. Yo me jubilé siendo alcalde Juanito Rodríguez Doreste ya en la democracia, pero nunca podré olvidar a todos los que mataron, buenas personas que defendían a los que menos tenían…»

Fragmento de la entrevista realizada al cabo retirado de la policía local de Las Palmas Ignacio Talavera Padrón, fallecido en 1991. Testimonio recabado en mayo de 1989 en el barrio de San Juan (Las Palmas GC) .

Síguenos y comparte:
error11
Tweet 20
fb-share-icon20