20 abril 2021

Revolviendo cenizas

Campaña contra la OTAN en un lugar de las Islas Canarias

“Yo he tenido veinte años. Nunca permitiré decir que es la edad más hermosa de la vida”.

Paul Nizan

Nos parecía tan grande el coche al llegar corriendo bañados en el rocío de la noche, les llevamos las maletas del poeta Pedro Lezcano al portaviones de los putos gringos, el Puerto estaba inundado de policías armados hasta los dientes, tuve tiempo de colocarte el hombro destrozado de un porrazo de aquellas bestias marrones, recuerdo que nos dio por reírnos a carcajadas, tú dijiste que hice bien en aparcar fuera del tumulto, la mejor opción para escapar, el hombro te temblaba y latía negro por el violento golpe, se escuchaban disparos en el laberinto de calles de La Isleta, seguimos riendo un buen rato, sobre todo cuando el coche de mi padre no se ponía en marcha, entonces metí una cinta de cassette decorada con unicornios y espirales pintados en Tiritaña, sonaba tenue:

«Es día de frío y llegas a casa, Vienes de la tarde cansada de un jueves, Los muebles, tu perro y millones de ojos, Están como siempre esperando tu vuelta En la que presientes que nada ha cambiado. Te espera lo mismo, el sueño ha pasado. Recoges tu pelo tan libre en la tarde Quizás porque alguien nunca lo vio preso…»

Al final la música del maestro cubano se mezclo con el motor que mi padre tenía tan afinado, nos metimos en el muelle, era imposible salir por Albareda, controles en cada esquina, sabíamos que te sacaban por la ventana y te inflaban a golpes, en el Muelle Pesquero paramos otro rato, vimos a varios marineros rusos que nos decían: -Tovarich- y levantaban el puño, uno con barba pelirroja medio borracho nos invitó a refugiarnos en el barco de Sovhispan: -Coche a tomar por culo camaradas, primero salvar vida- dijo el marino con una sonrisa solidaria, nosotros levantamos el puño, tú dijiste: -¡Viva Lenín carajo!- y seguimos hasta salir derrapando por Santa Catalina directos hacia Tamaraceite por el barrio de Chile, el 850 amarillo, mi famoso 8 y medio, parecía una nave espacial subiendo por Las Torres, luego Las Perreras, una carretera que parecía una ruta estelar, el rabo de nube, el vagabundo del espacio, la ternura de la madrugada.

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