2 diciembre 2020

Salitre de resistencia

Imagen: La dépouille du Minotaure en costume d’Arlequin de la exposición "Picasso y el exilio" en el museo Les Abattoirs de Toulouse (2019).

«(…) En medio de la bahía
el trasbordo presenciaron
la luna del desconsuelo
y un pelotón de soldados.
En la tercera del “Viera”
uno tras otro, encerrados,
entre un río de fusiles,
y un bosque de sobresaltos,
camino de Río de Oro
hacia Las Palmas zarparon.
Atrás quedó la familia,
quedó el amor desvelado.
Y todo el mundo fue llave…» Pedro García Cabrera (Cuarto creciente)

«(…) La pequeña barquilla de pesca ya enfilaba para África, dejamos atrás la costa de Gran Canaria, se empezaba a ver Fuerteventura, íbamos varios compañeros, Andrés García, Manolo Dieppa, Antonio Taima, Belén Hernández, Josefita López, todos de la Federación Obrera y el Frente Popular, junto al patrón, el anarquista de la CNT, Diógenes Rodríguez, todos teníamos una sensación de liberación a pesar del futuro incierto, de no saber que nos encontraríamos al otro lado del mar. Empezaba a amanecer y el cielo estaba muy nublado, casi como si quisiera empezar a llover, en ese instante los vimos, venían a toda velocidad con sus armas en la mano, a mi el mundo se me vino encima, no teníamos nada con que defendernos más que nuestros puños, algunos palos para sacar los pescados más grandes, Diógenes le metió toda la fuerza posible al motor pero no avanzábamos, ellos eran mucho más veloces, era una barcaza militar, todavía tenía la bandera republicana, repleta de falangistas y militares, desde lejos conté unos siete, nos gritaban, nos daban el alto o decían que nos disparaban, pero nosotros seguimos, entonces nos cayeron ráfagas de balas sobre la humilde embarcación, vi que Diógenes caía al mar acribillado, que Belén y Manolo se revolcaban en el suelo con una bala en la cabeza. Entonces decidimos parar el motor, nos quedamos a la deriva en medio de aquel inmenso océano. Enseguida nos abordaron, lo primero que hizo un falangista muy moreno fue darme un culatazo en la cabeza que me dejó inconsciente, no vi nada más en un buen rato. Cuando desperté sentí las cuerdas muy apretadas en mis manos a la espalda, vi que nos remolcaban a tierra, ya se veía la costa de La Isleta, faltaban Andrés, Belén, Manolo Diógenes y Josefita, los habían tirado muertos al mar, solo quedábamos vivos Antonio Taima y yo, seguramente nos llevaban para torturarnos y sacarnos información, vi a Taima que me miraba y me picaba el ojo, me mostró sus manos y las tenía sueltas, había cortado la soga con un cuchillo canario que llevaba oculto en la cintura. No había nada que perder, los dos nos quedamos un rato mirándonos, viendo lo que hacían los fascistas, vimos un máuser apoyado en la proa, muy cerca de Taima, él lo sabía manejar, hasta hacía unos meses había sido soldado por quinta, vi que se levantó tomó el fusil y empezó a disparar como un loco contra los falangistas, mató a cuatro en los primeros disparos, los otros se pusieron de rodillas, rogando por su vida y arrojaron las armas al suelo. Taima me soltó las putas sogas, entonces los amarramos a ellos y dejamos los muertos en un gran charco de sangre en cubierta. Los falanges nos pedían que no los matáramos, Taima les dijo: -Tranquilos hijos de puta, no somos tan criminales como ustedes, nuestra lucha está basada en principios no en rapiña- Entonces inutilizamos la sala de máquinas, los dejamos a la deriva y rápidamente enfilamos la barquilla del pobre Diógenes hacia el continente, miramos para atrás y casi se perdían en el horizonte, los dejamos allí jodidos, hasta que los rescataran, a los tres días vimos la costa de Senegal y unos pescadores que nos hacían señales desde una playa de arena blanca…»

Testimonio de Manuel Santana Florido, refugiado y exiliado, evadido de Gran Canaria en octubre de 1936.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 13 de marzo de 1998, en Kungsholmen, sur de Uplandia, Estocolmo.

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