4 diciembre 2021

Tanqueta Grande-Marlaska

El blindado policial arrastra varios contenedores en el barrio de Río San Pedro en Puerto Real, Cádiz. Europa Press

«Los vecinos y vecinas no somos terroristas. Queremos trabajar y vivir dignamente».

Verónica Reyes – Plataforma Vecinal Río San Pedro

Tratar y calificar como «delincuentes» a quienes luchan por un salario digno es la práctica habitual de los sucesivos gobiernos españoles, el doble rasero policial en el trato a grupos fascistas o a los vecinos de barrios como el de Salamanca en Madrid, movilizándose en plena pandemia reivindicando poder salir a tomar cervezas, donde en lugar de usar las porras, balas de goma, bombas de humo o tanquetas, se les ve en algunos casos posando sonrientes delante de esvásticas o banderas preconstitucionales sin cortarse un pelo, mostrando que tipos que también son de la clase obrera se sienten orgullosos de estar del lado de los poderosos y violentos.

El supuesto odio de clase de las llamadas «Fuerzas de Seguridad del Estado» ¿Seguridad de quién? Se hace más que evidente también en esta lucha ejemplar por sus derechos de los trabajadores del metal de Cádiz, las palizas en plena calle a personas mayores indefensas, los helicópteros sobrevolando como si fuera una guerra sobre quienes se manifiestan pacíficamente avergüenzan, generan tristeza y desolación a cualquiera con un mínimo de coherencias y principios democráticos.

No me entra en la cabeza que harán cuando llegan a casa y abrazan a sus hijos después de apalizar a un padre de familia, de ejecutar un desahucio con niños, de lanzar sus tanquetas contra un pueblo desarmado al mejor estilo de los falangistas tras el golpe del 36.

Prefiero moderarme en lo que pienso porque en España ejercer el derecho a la libertad de expresión está perseguido, se puede acabar pagando de por vida una multa millonaria o terminar con los huesos en la cárcel, me expreso midiendo cada palabra y eso es triste, no lo digo todo, porque si lo digo sonará el timbre de mi casa con cualquier agente detrás de la puerta para detenerme.

Tengo claro que esta reflexión no la compartirá casi nadie, sinceramente me da igual, soy consciente de que para much@s no queda guay criticar ahora mismo al estado español, que te pueden catalogar de anti sistema, anti «lo que sea», la verdad no me avergüenza decir públicamente que estoy totalmente en contra del capitalismo y del neoliberalismo, que esta monarquía española es ilegal, medieval, inmoral, que los partidos que la respaldan están pisoteando la memoria de cientos de miles de demócratas que siguen en cunetas y fosas comunes.

Luego se llenan la boca los gobernantes atacando a Cuba o Venezuela, cuando en España se está ejerciendo la más brutal represión y vulneración de derechos fundamentales, mientras se presume de gobierno de progreso, dejando al libre albedrío a las fuerzas represivas, sin control, sin medida, sin instrucciones de respeto a cualquiera que se manifieste tenga o no tenga razón, la propia Constitución lo establece como un derecho.