3 octubre 2022

Terrorismo ambiental en San Lorenzo

Estanques de barrial (Nacho González Oramas)

«Señores políticos, pensemos más en nuestro patrimonio natural, en conservar lo que ya tenemos, en potenciar el sector primario y sobre todo en crear espacios multifuncionales y naturales que le pueden dar a la ciudad una categoría diferente, sin tanto cemento ni asfalto».

Esteban Santana, portavoz de la Plataforma Salvar las Charcas de San Lorenzo

En cualquier país democrático y civilizado, como Francia, Alemania, Suecia, Austria, Suiza…, no seríamos las vecinas y vecinos quienes estaríamos mendigando a los incultos y ociosos políticos del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, evitar la destrucción definitiva de la biodiversidad y la riqueza etnográfica de los conocidos estanques de barro, denominados por los técnicos expertos en la materia, Charcas de San Lorenzo, sino que serían los representantes públicos quienes nos llamarían para sentarnos en una mesa y crear de forma inmediata, cueste lo que cueste, un espacio maravilloso para la educación ambiental, la reforestación con especies endémicas, la creación de senderos, de puntos de observación de las aves, de estudio e investigación científica, para el uso y disfrute de la ciudadanía, para que las niñas y niños de los colegios de la isla conozcan esta maravilla, aprendan como vivían sus ancestros, como se desarrolla un ecosistema con más de 40 especies de aves nidificantes y migratorias, muchas en grave peligro de extinción.

Sin embargo solo observamos dejación, presuntos rumores de pelotazos urbanísticos millonarios, sobres por debajo de la mesa, intereses vergonzosos, humillación, amenazas e insultos a quienes promulgamos la conservación de este lugar idílico, único en este pedacito de mundo.

Señoras, señores les presento al municipio de Las Palmas de Gran Canaria, de las ciudades más importantes del estado español, ciudad europea, dicen, la democracia plena que nos ofrece su alcalde ante el silencio y la pasividad del Cabildo de Gran Canaria que calla, guardando un silencio triste, demoledor, que avergüenza a las personas de bien que desean que este lugar siga existiendo para las generaciones futuras.