2 diciembre 2020

Imagen: Obra de Berni en acuarela, acrílico y lápiz sobre papel. 1980. © JOSÉ ANTONIO BERNI Y LUIS E. DE ROSA

«…Cuando empezaron a desaparecer hace tres cinco siete ceremonias a desaparecer como sin sangre como sin rostro y sin motivo vieron por la ventana de su ausencia lo que quedaba atrás / ese andamiaje de abrazos cielo y humo …» Mario Benedetti (Desaparecidos)

«(…) El guardia civil de Gáldar Olegario Rodríguez llegó a la Comisaría de Falange de la calle Luis Antúnez con el uniforme lleno de sangre, traía a dos hombres dentro de uno de los coches cedidos por los caciques agrícolas ingleses que usaban pa las detenciones y desapariciones. Cuando los entraron al patio nos quedamos locos, uno tenía las dos orejas cortadas y el otro sin nariz y sin lengua. El guardia civil no paraba de pegarles con una porra de madera y se quedaron los dos arrodillados junto al palo de la bandera, parecían dos niños desamparados, eran dos muchachos muy jóvenes, por lo que le oí al guardia se llamaban Chano y Toño. El inspector de la policía municipal Antonio Wiot les pegó varias patadas en el estómago, entonces entre risas Miguel Canbreleng lo agarró por detrás y le dijo: -Déjalos a los pobres coño que hay bajarlos un rato al sótano y que prueben el «cafecito»- Los dos chicos noté que querían morirse, estaban acabados, sin esperanza, no aguantaban el dolor de las mutilaciones y de los golpes de toda una noche de maltrato y tortura desde que los subieron en el coche en el norte de la isla. Yo estaba con dos presos más sacando baldes de sangre y tripas de las salas de tortura, no podíamos mirar o hacíamos que no mirábamos, pero era inevitable no fijarse en algo tan terrible, que jamás habíamos visto en esta tierra. El guardia Olegario con tricornio estaba templado y de vez en cuando se echaba un tanganazo de la botella de ron que tenían sobre una mesa con algo de comida, picaban y bebían mientras torturaban. Luego entre los falanges de Las Palmas, Julio Naranjo y Gerardo Frade los llevaron al sótano, yo ya sabía que no saldrían vivos, los muchachos parecían cuerpos congelados, se dejaban llevar, sabían que estaban muertos…»

Testimonio de Ignacio Cáceres Martín, preso político del barrio de La Isleta (Las Palmas GC) en los años del genocidio canario.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 28 de febrero de 1984, en Tenteniguada (Valsequillo).

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