21 octubre 2020

Un Rosario de vergüenza

Imagen: Falangistas recorriendo la calle León y Castillo de Las Palmas de Gran Canaria (1937).

«Las ejecuciones fueron masivas sobre hombres desarmados en toda la isla, aquellos descerebrados hijos de la oligarquía activaron su plan de exterminio, la República no estuvo a la altura para que se repartieran armas entre el pueblo trabajador, se hubiera evitado un genocidio sin parangón en nuestra historia desde el exterminio indígena. Miles de hombres fueron asesinados como corderos en un matadero, como hubiera cambiado todo si hubiéramos podido defendernos.» Antonio «Magec» García Alonso

«(…) -¿Tú sabes bien lo que has hecho hijo mío? Desgraciarles la vida a familias enteras solo por tu jodías ideas- Le dijo Carmita Naranjo a su hijo José Tomás Inglott, cuando llegó a la casa vestido de azul con correajes y una pistola al cinto. Yo estaba allí porque le cosía desde siempre y le cuidaba a su hijo más pequeño, el que tenía problemas de retraso. En esos días habían desaparecido a mis dos hermanos del barrio de Los Hoyos en Tafira. Él se quedó paralizado cuando me vio, azorado por las palabras de su madre, una mujer de dinero pero muy justa y buena con el personal de servicio. -Me avergüenzo de ti y de tu padre- Dijo pausada, vestida de negro, con un Rosario en la mano -Lo sé todo, no tienen que ocultarme nada, todo lo que han hecho estos meses con los muchachos que se han llevado al pozo de la finca del Maipez, al agujero volcánico de la Sima Jinámar, al barranco de Guayadeque, las ejecuciones en la Finca de la Noria del Conde ¿Cuántos hombres enterraron allí después de fusilarlos? ¿Cuántos padres de familia han desgraciado para siempre por la mierda del falangismo y tu admirado Francisco Franco?- Masito, como le conocíamos desde niño, agachó la cabeza mientras acariciaba una medalla con una cruz gamada que llevaba en el pecho. Desde niño le afectaba mucho todo lo que dijera su madre, le importaba más que todo lo que venía de su padre, que era el que le daba todos los caprichos, con el que se iba de viaje por Europa, de tenderete, de putas y a las reuniones de Acción Ciudadana y Falange, donde hicieron las listas negras de los miles de hombres que iban a matar y desaparecer desde que estallará el golpe de estado del 18 de julio del 36. Carmita después de ese día no levantó cabeza, mi familia estaba destrozada, ella me dio dinero a escondidas para ayudarnos, la pobre mujer se pasaba el día rezando, hasta que dejó de hablar y con menos de sesenta años se quedó paralizada, se le caía la baba, se hacía sus necesidades encima, no decía nada, no contestaba, parecía un fantasma en aquella gran casa de El Monte Lentiscal. Desde que enfermó Masito me dijo que no fuera más por allí, me lo dijo con la vista baja, con vergüenza, yo sabía que era el asesino de mis hermanos…»

Testimonio de Sarito Lantigua Morales, vecina del paraje de Los Hoyos, en Tafira, Gran Canaria, durante los años del golpe militar contra la República.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 26 de julio de 2015, en el barrio de Lomo Blanco (Las Palmas GC).

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