21 octubre 2020

Una Iglesia podrida

Imagen: Refugiadas españolas huyendo de la Guerra en Le Perthus (Francia), 1939.

«Dos criminales falangistas como Rubio Guerra y Samper, que llenaron la Sima Jinámar de hombres, eran algunos de los que encabezaban con curas, médicos y monjas la trama de niños robados en Gran Canaria, se hicieron millonarios con todo ese dinero recaudado, muchos de esos chiquillos jamás han sabido quienes son sus padres. Los Rosales de Arucas facilitaban el lugar de venta, la trata se hacía con billetes en manos, flejes de billetes que se embolsaron a costa del sufrimiento de miles de familias.» Antonio Galván Díaz.

«(…) Después de dar a luz mi hermana Paquita en el Hospital San Martín, vino la monja con malas noticias, el parto había sido difícil, nos dijo, y la niña había nacido muerta y con enormes deformidades, que era mejor que no la viéramos porque iba a ser muy desagradable, que parecía un monstruo. Mi hermana y su marido casi se vuelven locos, ella pidió verla de todas formas y Ricardo su marido también, entonces vino el médico y dijo que eso no estaba permitido, que dejaran de protestar inmediatamente. Al rato aparecieron varios miembros de la Guardia de Asalto y entraron en la habitación donde había dos mujeres más, ambas con sus bebés en la cama dándoles de mamar, uno agarró a mi cuñado por el brazo y lo sacó al pasillo, lo metieron en un cuarto y salió con los ojos morados y la boca rota. Al día siguiente nos dieron una cajita precintada, según ellos con los restos de la niña, era el 8 de julio de 1955, siempre lo recordaré porque vimos en el pasillo a Francisco Rubio Guerra, que era el jefe de acción social de Falange, se acercó a nosotras y dijo: -Mi más sentido pésame, los angelitos que mueren en el parto van directos al cielo porque tienen el corazón puro, están a la diestra del Padre- Luego vimos a la monjas subiendo y bajando atareadas y con malas caras, ese día no estaba el médico que atendió a mi hermana, era otro de apellido Calcine, la policía seguía por allí, mi cuñado ya no decía nada, salimos con la cajita directos al cementerio de Vegueta caminando, a la altura de la catedral mi hermana se metió en un zaguán y abrió la caja, dentro había un brazo cortado y restos de vísceras humanas. Las dos nos abrazamos llorando, mi cuñado se quedó fuera, parecía una sombra con la cara destrozada, no pudimos hacer nada, no había donde reclamar, supimos meses después que se la habían llevado según nació al chalé de Los Rosales en Firgas, una familia de mucho dinero y que desde allí como miles de niños había sido comprada por alguna familia vinculada al régimen. El sepulturero, un hombre mayor, nos miró y enseguida supo que sabíamos lo que había dentro, se llevó la caja, nos dijo que nos fuéramos a casa, que allí estaba todo dicho…»

Testimonio de Rosita Alonso Medina, vecina de Santidad (Arucas), tía de una niña robada en la trama de compra-venta de bebés organizada por la Iglesia Católica, médicos y miembros del régimen en la isla de Gran Canaria.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 24 de enero de 2005, en Costa Ayala (Las Palmas GC).

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