28 mayo 2024

Universo del sueño

«Somos como mariposas que vuelan durante un día pensando que lo harán para siempre».

Carl Sagan

No paraba de leer libros cuando fue consciente de que su memoria se iba consumiendo como una hoja de papel calcinada por el fuego de una cerilla. Diego González García, mi padre, de profesión soldador, se agarraba a las letras de cada ejemplar de mi biblioteca, los devoraba como si toda esa sabiduría acumulada lo fuera a salvar de su inminente demencia senil.

Poco a poco se fue perdiendo en aquella oscuridad de su mente, aunque seguía leyendo, tal vez a veces la misma pagina como quien busca el astrolabio de las neuronas perdidas para guiarse en aquel universo de sueño y confusión, donde solo le quedó la escena del asesinato de su hermano el 24 de diciembre de 1936, cuando el grupo de falangistas irrumpieron en la humilde casita de Tamaraceite a las diez de la noche destrozándolo todo, abusando en su presencia de su madre y de su tía, sacando al bebé Braulio de la cuna y arrojándolo violentamente de cabeza contra la pared de la diminuta estancia.

Luego hasta casi su muerte le contaba a todo el mundo aquella historia terrible, a los asombrados médicos y enfermeras, a cada visita, a la soledad de la habitación mirando a un punto fijo del techo como si desde allí sus antepasados lo estuvieran escuchando atentamente con respeto.

La mañana de su muerte un enfermero nos dijo que la habitación olía a flores salvajes de la montaña, que eso solo lo había sentido alguna vez.

Su cuerpo frágil, pequeñito, famélico por negarse a comer. Allí quietito sobre la cama parecía esperar que le avisara para partir a los parajes mágicos que recorrimos juntos en muchas puestas de sol.

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