24 octubre 2021

Vuelan las alas del agua

«(…) Entre lo que me quieres y te quiero,
aire de estrellas y temblor de planta,
espesura de anémonas levanta
con oscuro gemir un año entero.
..»

Federico García Lorca

Lo que cuesta no derramar una lágrima, siempre tratando de disimular el dolor generado, ese que encoge el alma, removiendo toda esa simiente, la que me dio la oportunidad de estar vivo, en este viaje que a ti se te hizo largo, lo que pudo ser un periplo amable de sencillez y dulzura.

Todo empezó aquella madrugada del 36, cuando aquellos hombres de azul se llevaron detenido a tu padre, luego el acoso falangista, él desprecio de quienes hasta ese momento eran vecinas normales, destilando odio sobre quienes pensaban diferente.

Tu compañero de vida perdió a su padre fusilado, a su hermano de meses destrozado por aquellos nazis, los que llenaron cada rincón de España de muerte y destrucción.

Se unieron dos almas gemelas, mismo dolor, misma penuria, para de alguna forma mágica reconstruirse, aliviar tanto daño, convertir el suplicio de los crímenes, de la cárcel, de la estigmatización, en un viaje por los hemisferios eternos del amor.

Dos manos unidas por siempre, dos corazones que latían al unísono, toda una vida combatiendo la desazón y el miedo, la desolación de quienes son atacados, vilipendiados, humillados, por una fuerza atroz, la que mata por matar, tratando de mutilar por siempre la alegría.

Vivir sin odio fue tu mayor victoria, recuerdo tus ojos, tu cara, tu sonrisa intacta cuando vimos juntos a Paco Ibáñez, a Luis Pastor, a Rogelio Botanz, como me dijiste al oído con esa entrañable complicidad, “que eran revolucionarios”, luego nos reímos juntos, me tomaste de la mano al final entre mensajes de despedida, como si todo aquel mundo terrible no fuera más que una broma.