«En el campo de concentración de Fyffes en Tenerife todos los días nos sacaban cuando menos lo esperábamos y nos ponían ante el pelotón de fusilamiento. Decían el carguen armas, apunten, fuego y no siempre era de verdad. Te cagabas encima y te destrozaban la cabeza, todavía tengo secuelas y pesadillas de aquello setenta años después. Allí fusilaron de verdad a miles de hombres, algunos murieron pensando que era una simulación…»
Antonio Casañas Bencomo
El monumento al genocida presidiendo el centro de Santa Cruz de Tenerife, unos políticos sin vergüenza que al mantenerlo con todo tipo de surrealistas argucias legales humillan a las familias de las miles de personas torturadas y asesinadas por el fascismo en este Archipiélago, a quienes siguen clamando justicia y reparación.
Sonará algún timple, alguna chacara, tambores gomeros, isas o folias, pero ahí sigue el esperpento, como una esfigie al criminal Adolf Hitler en el corazón de Berlín.
Nada que celebrar.
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