«Había un aire frío que venía con la neblina desde el fondo del valle y el pinar de repente se convirtió en un paraje mágico…»
Lucía Hernández
Desde que nos perdimos el uno del otro en la inmensidad del tercer planeta solo llegan las ondas de los recuerdos. Al menos a mí es lo que me queda resplandeciendo como un abanico de sueños remotos. Tantos instantes que ahora no son más que nebulosas entre el fragor confundido de la fantasía y la realidad ¿Dónde está la verdad? ¿Acaso podemos reinventar la pureza? Desde lejos me viene aquel rincón de Tamadaba, el del tronco seco que usábamos como asiento cuando tras la mágica puesta de sol del Fin del mundo las perras comenzaban a buscar resguardo del frío. Inicio de la leyenda. Aún sigo imbuido, enredado en la fragancia de ese amor eterno.
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