29 de julio de 2026

Tunos colorados

«Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos… hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, troncos, ramas, ramas, pájaros, astros…»

Octavio Paz

Como hacía mi padre conmigo desde mi mágica y temprana infancia, limpiaba cuidadosamente con los cerrillos el delicioso fruto, escogíamos el más lindo y brillante para con paciencia y respeto arrancarlo de la tunera. Luego comenzaba el proceso aprendido de mi viejo, coger una púa y suavemente cortar su piel gruesa de tuno rojo, pero solo la parte superior, para después que abriera su boquita de niña que descubría las maravillas del mundo, apretar la parte de atrás para que saliera como un cohete de sueños hacia su lengua. Se hacía inevitable mancharse de rojo la cara y las manos, jugar a los vampiros en la vieja mini cordillera de Los Altos de San Gregorio:

-Quiero otro- decía.

Y continuaba la dulce tarea, el proceso de dar amor rojo sin pedir nada a cambio.

Así lo hizo mi padre conmigo, así lo hice yo, el tuno como excusa para saborear el universo y la ternura. No sé si donde esté se acordará, a veces la vida son sabores que de repente se mezclan con la saliva, yo no he podido olvidarlo.

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