25 noviembre 2020

Imagen: Guardia mora de Franco IV Tabor de Alhucemas.

«Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte» Minerva Mirabal

«(…) Los moros del IV Tabor de Alhucemas entraron en el caserío junto al río Burbia, justo después de que los falangistas ejecutaran a cientos de mineros, los árabes en su avance hacia Madrid estaban en otro pueblo cercano saqueando y matando. Lo primero que hicieron cuando llegaron fue separar a las pocas mujeres por edades, pusieron a las mayores en la iglesia, niñas y jóvenes en la escuelita de don Cosme, éramos unas veinte. El jefe militar era el condecorado sargento, Ahmed Idrissi, esa tarde saquearon la bodega de la cooperativa y destrozaron los barriles, se bañaban en vino, escuchábamos sus gritos y risas, comiéndose todo el queso de las ovejas de Luciano Covadonga después de asesinarlo, luego vinieron directos ya oscureciendo a la escuela. Desde allí escuchamos como fusilaban a nuestras madres y abuelas en la explanada de la Parroquia. La violación fue colectiva, eran tantos moros que no sabías de donde salían, parecían fieras que no habían estado en años con mujeres. A las niñas las destrozaron, la mayoría morían por hemorragias internas, luego vinieron a por las muchachas de más de veinte. Vi a mis compañeras de la CNT utilizadas como putas, apuñaladas con sus cuchillos curvos cuando ya se habían hartado de follárselas. A mi me tuvieron varias horas amarrada en la cuadra por donde iba pasando la fila inmensa de hombres armados y sus chilabas, nunca imaginé que acabaría de esa forma, jamás pensamos que aquello sucedería, meses antes estábamos repletas de esperanza en el Ateneo Cabello Flores, entre exposiciones de pintura, poesía, conferencias sobre el voto femenino, pero aquello no entraba en mi cabeza de muchacha que estaba empezando a vivir. Se peleaban en la cola para ver quien la metía antes, hablaban en árabe, algunos en un castellano servil, construido entre latigazos de los mandos militares sobre el moro que era lo más bajo en el ejército fascista de Franco. Algunas sobrevivimos a todo aquello, con secuelas eternas, de por vida, no solo en nuestras conciencias, también en nuestros cuerpos destrozados…»

Testimonio de Carmela Gatonez Moniz, maestra de escuela, vecina de la Comarca del Bierzo, León, en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 18 de abril de 1998, en el barrio de San Juan, Las Palmas GC.

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