29 de julio de 2026

Al borde de la masacre

“El imperialismo es un sistema de explotación que se produce no solo en la forma brutal de quienes vienen con armas para conquistar el territorio. El imperialismo a menudo ocurre en formas más sutiles, un préstamo, ayuda alimentaria, chantaje. Estamos luchando contra este sistema que permite que un puñado de hombres en la Tierra gobierne a toda la humanidad.”

Thomas Sankara

Tras el golpe fascista del 36 en Canarias nos venían a buscar a nuestras casas y con acusaciones falsas nos fusilaban en consejos de guerra ilegales o a la mayoría nos desaparecían para siempre tras brutales torturas en cualquier pozo, agujero volcánico o con una potala al cuello nos condenaban a morir ahogados en el helado fondo del mar.

Es la forma de actuar del capitalismo colonial cuando históricamente recurre al fascismo como instrumento de salvación en sus crisis sistémicas. Ahora en 2026 un reconocido pederasta llamado Donald John Trump, presidente de los Estados Unidos de América, recurre a las mismas artimañas en países como Venezuela y amenaza con seguir en Cuba, Colombia, Nicaragua, México y toda nación soberana que no se humille ante su arrogante e insaciable codicia de multimillonario degenerado.

Es fácil escribir estas palabras a miles de kilómetros de distancia desde un relajado escritorio escuchando a Silvio Rodríguez, pero reflexiono y pienso que ahora mismo todas y todos podemos ser susceptibles de ese horror. Es el mismo nazismo de Hitler multiplicado por miles de toneladas de odio.

La derecha española de PP Vox y su sesuda “intelectualidad”, como Fran Rivera, Aurah Ruiz, Paquirrín, Pocholo, Froilán y otras “eminencias”, piden públicamente que su admirado genocida Donald se de una vuelta por Spain, lo dicen así en su refinado inglés turístico, exigiendo que haga lo mismo con el gobierno, con todos los rojos que nos manifestamos públicamente contra el criminal imperialismo.

Son momentos muy complicados, muy oscuros para la humanidad y el propio Hitler se ha convertido en un niño de cuna ante este furor ilimitado de un tipo que se ha erigido en dueño del mundo. El pueblo de Gaza sabe muy bien de lo que escribo.

No me quiero meter en las cabezas de las hermanas y hermanos de América Latina, aún menos de sus gobernantes de la izquierda, les respeto y aprecio demasiado, pero quizá haya que luchar con los medios que tengamos y sea más digno morir de pie que sobrevivir absurdamente arrodillados.

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