26 octubre 2020

Al filo del infierno

Foto: El Periódico, Reportaje realidad de los pisos de la heroína en Barcelona.

Teníamos que pasar por el poderoso pa que nos diera la puta droga, era un tipo asqueroso que apestaba a sudor, no se la veía mientras se la chupaba de la barriga que tenía, también nos maltrataban como parte de aquel ritual del demonio, todavía no entiendo como sigo viva.

Alicia Montes Quesada

«(…) Me quedé embarazada de Ayose cuando todavía estábamos de okupas en la Casa de la Condesa, aquello era una mierda lleno de basura, paredes y techos cayéndose, nunca supe quien era el padre, ya que el puto jaco me tenía destrozada, había muchas horas del día que no recordaba lo que había hecho o con quien había estado, solo sé que aquello eran una jungla donde te podía pasar de todo, nadie tenía piedad si era por la papela, todos eran capaces hasta de matarte por su interés y por hacer los viajes diarios a ninguna parte, me gustaba y a la vez era consciente del daño que me estaba haciendo, tanto a mi como a toda mi familia, mi madre se aburrió en Valsequillo de bajar a Telde a comprarme pa pincharmela ella, yo no tenía remedio, le seguía robando, hasta la tiré varias veces por la escalera de la azotea en pleno síndrome de abstinencia, todos sabíamos que aquello no había llegado de forma natural como los tripis, las pastillas, el hachis o el congo que se conseguía cada kima envuelta en papel periódico de forma fácil, nos daba por reírnos mientras bebíamos botellones de cerveza en la Playa de Las Canteras, cuando nos echaban del Lord Nelson por estar muy colocados, la música de Pink Floid se me quedaba metida en el cerebro, pero aquello no eran tan dañino como la puta dama blanca introducida por el estado, llegamos a ver a los camellos chivatos sentado en el sillón de atrás de la bombona policial, eran todos colegas y distribuían, a mi me llegaron a regalar varias veces en Jinámar, luego ya todo fue oscuro, fue negro, me he recorrido media península en todo tipo de centros de recuperación, hasta los de la mierda evangelista, donde te lavan el cerebro y te utilizan como esclava trabajando sin cobrar un duro, también se aprovechaban de nosotras a nivel sexual si eramos chicas, yo apenas tenía 17 años cuando empecé a consumir, tuve que hacer de todo para conseguirla, se destrozó mi vida, yo no le hecho la culpa a nadie, se que yo elegí ese camino, pero nunca podré perdona a quienes la metieron por toneladas en estas islas…»

Testimonio de Lidia Esther Monzón Romero, víctima de la adicción a la heroína en los años 80-90 en Gran Canaria.

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