28 octubre 2021

Allí sigue habitando la memoria del genocidio

Colegio La Salle (LPGC)

La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria no solo tiene una fosa común sin exhumar en el cementerio de Vegueta, con decenas de héroes de la clase trabajadora enterrados, cráneos con agujeros de bala en sus nucas o sienes, sus huesos con evidentes secuelas de las brutales torturas antes de ser asesinados por las turbas fascistas.
 
También esta ciudad donde he nacido y vivo cuenta con espacios del horror, el maltrato y el exterminio, lugares que la mayoría de la gente desconoce para lo que fueron utilizados a partir del golpe de estado del 36.
 
Cada día esta nebulosa capital despierta con su bullicio de coches y guaguas, madres y padres que llevan a sus hijos a los colegios, personas normales con sueños y esperanzas que tratan de sobrevivir a estos tiempos de desasosiego, desesperación, carencias sociales, donde cada día se hace más difícil trabajar, pagar los estudios, llegar a fin de mes, ser bien tratado en cualquiera de las Urgencias de los hospitales públicos…
 
Cientos de miles de personas pasan por estos lugares, entre otros el Gabinete Literario en la zona de Triana-Vegueta o el colegio de La Salle en la calle Luis Antúnez, barrio de Alcaravaneras, sin saber que ahí se produjeron hechos terribles hace apenas 80 años, desconociendo que eran centros de detención y tortura del franquismo, donde se cometieron verdaderas atrocidades: hombres colgados por los ojos con ganchos de hierro, ahorcados, torturados, golpeados, asesinados, sacados en camiones muertos o agonizantes, envueltos en sacos de plátanos para ser arrojados al mar, a las simas y pozos de cada rincón de la isla, donde los militares sediciosos junto a miembros de Falange, Acción Ciudadana y otras organizaciones paramilitares de la ultraderecha como las “Brigadas del Amanecer”, desaparecían los cuerpos vivos o muertos de miles de miembros de la izquierda canaria.
 
Gabinete Literario (LPGC)
 
Hoy en pleno 2018, esta ciudad aspira a ser un núcleo europeo de renombre internacional, aunque estemos a tantos kilómetros del viejo continente, se montan infraestructuras como el acuario de Loro Parque en suelo público, se vende esta ciudad a inversores de todo el mundo, al turismo en general y en especial al de cruceros, se ofrece desde su Ayuntamiento la imagen de una urbe moderna, acogedora, democrática, pero tristemente se olvida de mostrar esos espacios, señalizarlos, colocar cualquier placa o monumento, tal como se hace en toda Europa con los campos de concentración y exterminio de los nazis.
 
Tristemente sus regidores municipales, consciente o inconscientemente, siguen echando mantos de olvido sobre esos espacios del dolor y el sufrimiento ilimitado, lugares que deben salir a la luz, que deben ser reconocidos, visibilizados, simplemente para que la ciudadanía, las generaciones futuras, los turistas sepan que aquí también reinó el terror fascista, más que nada por una cuestión educativa, pedagógica, fraternal, universal, tal vez para que se haga realidad esa hermosa utopía de que mostrándolo, reconociéndolo, homenajeando, valorando, poniendo nombre y apellidos a esas personas de bien que fueron torturadas y asesinadas por defender la democracia y la libertad se haga justicia, un pequeño esfuerzo, algo de voluntad política, para que hechos tan terribles jamás vuelvan a producirse en ninguna parte, tampoco en esta bella, insular y especial parte de la Tierra.