30 septiembre 2020

Antes del Coronavirus

Diego y Lola en la Clinica Cajal de Las Palmas GC. Foto EDUARDO ROBAYNA

Él no entendía lo que pasaba, porque no lo trataban bien, allí en un pasillo la gente hacía comentarios cuando lo veían, hasta alguno con pinta de toxicómano que pasaba por allí se burló de aquel señor tan viejo que era mi padre…

La última salimos andando de Urgencias y cuando llegamos a casa mi madre se había caído, mi viejo todavía entendía algo, la carcoma mental de la demencia senil todavía no le había comido las últimas neuronas. En poco tiempo volvió a caerse de nuevo, ese día mientras limpiaba el jardín, lo levanté como pude, lo senté en la entrada de casa y se quedó dormido de repente, algo extraño para mi, pero se despertó a los pocos minutos y se tambaleaba.

De nuevo en Urgencias,en nuestro periplo conocí profesionales admirables, sencillamente gente buena desesperada, que no podían más, trabajando sin medios, incluso presencié ataques de ansiedad de enfermeras, también alguna hija de puta, sobre todo una médica que desde el primer minuto quería echarnos de allí, echar a mi padre con una infección de orina y los riñones fallando a pasos agigantados. No olvidaré su gesto de prepotencia, como me miraba con esa superioridad que solo tienen quienes han nacido ricas de cuna, esa gentuza que no ha tenido que dar puto golpe en su vida para tener títulos y trabajos con buenos sueldos.

Todavía ni imaginábamos que sucedería lo del Coronavirus, todavía no, pero las Urgencias ya estaban desbordadas, sin medios, manteniendo a un hombre de 91 años en un puto pasillo varios días, ejerciendo el sistema el más brutal de los terrorismos, el de estado, ese que se construye con dejación política, con saqueos y robos, con privatización de lo público, con políticos mafiosos, esos que siguen actualmente dirigiendo el cotarro de la sanidad pública.

Luego mi padre se arrancó la sonda, se desgajó el pene por dentro, gritaba y no podíamos hacer nada, solo aquel ambiente desesperado, triste, de unos niveles de angustia jamás imaginados por quienes no lo han vivido.

Ahora con el Coronavirus la mayoría de los sanitarios siguen siendo héroes, heroínas de nuestro pueblo, quienes merecen todos los homenajes y reconocimientos. Mi padre después de un inmenso calvario fallecía ocho meses después, no supo de esta plaga del siglo XXI, se fue un poquito antes, aunque ya vivió otras plagas peores, la del fascismo con asesinatos en nuestra familia, la del hambre, la de la miseria, la del desempleo, la del verse abandonado por un sistema basado en el lucro y enriquecimiento de unos pocos.

Ahí seguimos abanderando su nobleza.

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