27 de julio de 2026

Ave de la dignidad

«Si estaremos curados de espanto
si habremos barajado salmodias con ultrajes
sepultado alegrías conjeturas delirios
en el descalabro y en el camposanto
si habremos añorado nuestras azoteas
la cercana vía láctea apenas recorrida
por murciélagos suaves y custodios…»

Mario Benedetti – Curados de espanto y sin embargo

Ya no se ve al misterioso cernícalo por la fosa común de Vegueta. Históricamente, algunas culturas ancestrales lo representaban como un símbolo de la lucha y espíritu inquebrantable. Allí nos lo encontrábamos hasta hace unos meses las familias de los demócratas asesinados por el fascismo que siguen bajo la tierra.

Nos animaba observarlo tan cerca, revoloteando, como queriéndonos decir donde estaba cada muerto, el lugar preciso donde cavar para reencontrarnos con sus huesos castigados por el tiempo, por el agua de la lluvia penetrando en lo profundo del barro que amortaja injustamente a nuestros seres queridos.

El Falco tinnunculus también parece haber perdido la esperanza, como nos pasa a quienes sufrimos con tristeza el desinterés político en que por fin se haga justicia y se repare tanto dolor.

Algunos seguimos teniendo ganas de volver a verlo templado en el cielo, mirándonos como fueguitos entre las tumbas y los panteones de los genocidas.

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