25 octubre 2020

Catalina en su laberinto de odio

Ante los reproches de los vecinos, Catalina y su amiga contestaron: “Qué piel más fina. Con la de aceitunas que tengo yo recogías en Extremadura (risas)”, “y yo, y qué ricas las aceitunas machacás!!!”, contestaba la amiga. Catalina le respondía con un “mmmmm verdad!!! Qué ricas!!!”.

Para la candidata de Vox al Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache, Catalina Álamo, las nueve mujeres aceituneras asesinadas por el criminal fascista Queipo de LLano, le importan una mierda, se burla de quienes fueron ejecutadas por defender la democracia y la libertad, se mofa de quienes tenían la dignidad que ella jamás podrá tener, coloca los dedos en saludo moderno con su mascarilla con bandera franquista española. Ese gesto donde ejerce sin pudor la apología del terrorismo fascista. refleja a esta España que no contempla desde su gobierno como delito pisotear la memoria del genocidio. Tal vez Catalina no tiene muchas luces, en su cerebro ondula el más triste rencor contra cualquiera que no piense como ella, sabe bien que fueron asesinadas esas mujeres por pensar diferente, que enorme delito ser libre pensadoras, ser buenas personas, no entrar por el aro de la explotación, de la esclavitud, de la opresión sobre la clase trabajadora, pagar con su vida tan linda lección. Catalina ya entró en la historia más negra de la humanidad, la de quienes también colocaron en fila a millones de personas en toda Europa para entrar en las cámaras de gas, más tarde en los hornos crematorios, comparte entre sus creencias su respaldo al holocausto, al crimen horrendo, a la tortura sobre niñas y niños en el albor de los campos de exterminio de los nazis. Catalina será siempre un ser triste, donde la oscuridad de su corazón acabará matándola de odio.

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