25 mayo 2022

Catalunya Lliure

Una mujer es maltratada por la policía durante el referéndum por la independencia en Barcelona, el 1 de octubre de 2017. REUTERS/ENRIQUE CALVO

«(…) Y el enemigo temblará
Cuando vean nuestros símbolos levantados
Así como cortamos las espigas de oro del trigo
Ahora nos verán cortar nuestras cadenas…»

Els Segadors

¿De qué no sería capaz un régimen heredado de una dictadura que sigue manteniendo en fosas comunes y cunetas a más de 140.000 personas inocentes?

Aún lo llevo en la memoria y sigo sin perdonar ni olvidar la brutalidad policial sobre un pueblo que solo pretendía ejercer su derecho al voto. Viendo esas imágenes terribles me vino a la mente con horror todo lo que sucedió tras el golpe fascista de julio del 36, el comienzo de lo que Paul Preston llama, “El Holocausto español”.

No era necesaria esa violencia desmedida que el mundo entero observó con asombro en los medios de comunicación, hay otras formas pacíficas de imponer la justicia y las normas constitucionales, no a palos, patadas, puñetazos, pelotas de goma, abusos, exilio y cárcel para decenas de personas que ni robaron de las arcas públicas, ni cometieron ningún delito de sangre.

El totalitarismo tiene muchos rostros, manifestándose como brazo armado del capitalismo cuando ve peligrar el nivel de vida de los poderosos.