30 junio 2022

'Contrapaso. Los hijos de los otros' de Teresa Valero

«Estaban todos organizados médicos, curas, monjas, Rubio Guerra, el jefe falangista, era un negocio redondo que empezó quitándole los bebés a las republicanas para luego montar una trama millonaria que llegó hasta casi el año 2000».

Rosa Izquierdo Rodríguez, enfermera en el Hospital del Pino, Las Palmas GC, años 50-60

Cuando le sacaron a la bebé el médico de la clínica Santa Teresita, don Antonio Callejón, le dijo a Lucía Santana que no la mirara, que las cosas no habían salido bien, la monja que le ayudaba en el parto exclamó casi en un susurro:

-Es un monstruo virgen santísima-

La muchacha aturdida intentó agarrarla como pudo estirando sus brazos, la vio por unos segundos, estaba viva, tenía los ojos abiertos, piernas y manos, su cabecita roja por la sangre, no apreciando nada anormal, tan solo las prisas de la religiosa que la envolvió en una manta marrón y la sacó a toda velocidad de la estancia.

Lucía no paraba de gritar mientras el médico y otro hombre que no identificó la sujetaban por los hombros con fuerza:

-Pínchala ya cojones- dijo el desconocido que llevaba sotana y un enorme rosario en el pecho.

Notó el dolor en el muslo derecho, como si la picara una araña venenosa y todo comenzó a darle vueltas, no distinguía la realidad del letargo, solo apreciaba borroso el bullicio en la habitación, los movimientos apresurados del personal sanitario, las órdenes del cura, una discusión entre la comadrona y el viejo doctor, por un instante volvió a ver de nuevo a su niña lavándola desnuda en una palangana blanca.

Luego todo fue oscuridad y silencio, hasta que despertó varias horas después en una cama ardiente por el sol que entraba por la ventana que daba a la calle, era el 12 de agosto de 1960 en Las Palmas GC, no le quedaron fuerzas para preguntar nada, se le acercó otro sacerdote muy alto, de avanzada edad, rezando a media voz como una letanía interminable, haciéndole la señal de la cruz con agua bendita en su frente.