«(…) Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros…»
Mario Benedetti – Ese gran simulacro
No sabe uno de dónde saca las fuerzas para seguir en este viaje de lucha en lucha, de libro en libro, de tristeza en tristeza, juntando letras en un ejercicio de memoria y resiliencia tras tanto sufrimiento, desencanto, desolación, incomprensión, falta de justicia y vergüenza, por parte de quienes deberían tenerla al dejarnos tan solos, abandonados en el laberinto cruento de la muerte, las fosas, los pozos, las simas, los huesos enterrados, sin esperanza de volver a sentir la brisa en su calcio adocenado. Aquí seguimos, la otra noche en València, hablando y firmando dedicatorias a personas desconocidas por un instante amigas del alma. Quizá esto no tenga salida y partamos alguna madrugada silenciosa, quedando de nosotros tan solo unos libros que acabarán en manos cálidas, en ojos abiertos a conocer tantas vivencias y dramas personales ¿Valdrá la pena el esfuerzo? El relente fresco, los amaneceres limpios me mantienen en este clamor que viene de más allá del horizonte lejano y conocido.
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