20 octubre 2021

Cuando se callaron las Iglesias

Fotografía de portada del libro 'Por la religión y la patria. La iglesia y el golpe militar de julio de 1936'

«No solamente sus dedos señalaron a los que consideraron culpables, sino que se prestaron a unir sus informes a los de la policía, la Guardia Civil o Falange. Incluso contra religiosos sacrificados por no ajustarse al canon nacional católico y aquellos que se mostraron críticos».

Francisco Espinosa y José María García Márquez, historiadores

Llama poderosamente la atención que la Iglesia Católica se oponga a la nueva Ley de Eutanasia, creada para evitar sufrimientos indefinibles y ofrecer una muerte digna a quienes ya no tienen salida, pero sin embargo si que supieron levantar el brazo junto a los militares franquistas, apoyar, respaldar y participar directamente como institución en el asesinato impune de cientos de miles de republican@s en cada rincón de España.

No se sostiene esa postura cuando siempre estuvieron al lado de la pena de muerte, del «paseíllo», de la extremaunción a pie de paredón, incluso como el cura de Ocaña y otros demonios con Rosario dar el tiro en la nuca a quienes acababan de ser fusilados, pistola al cinto, sotanas manchadas de sangre y rezo, con la pistola echando humo después de destrozar la cabeza de un inocente.

La hipocresía de esta entidad religiosa de ponerse siempre al lado del fascismo en su historia, salvando honrosas excepciones de sacerdotes implicados a nivel personal en la lucha de los pueblos, nos muestra como se alejaron hace mucho tiempo de la filosofía solidaria y de compromiso social de aquel personaje histórico crucificado por situarse al lado de los oprimidos.

Tampoco dice nada la Iglesia de las recientes declaraciones en sus foros de militares de alto rango que de nuevo quieren fusilar a millones por pensar diferente, un silencio igual de sepulcral que el de la católica monarquía española, un vergonzoso mutismo que huele a complicidad, a connivencia, a barro de cuneta, a sahumerio y sangre, a cercanía con lo peor de la especie humana.