4 julio 2020

De caciques criminales ingleses

Camiones de la empresa Fyffes, hacia 1930. Fotografía de Teodoro Maisch.

Cedieron toda su infraestructura, sus camiones, sus almacenes, sus barcos, sus capataces, todos pero todos, ni uno de los caciques ingleses que explotaban a nuestro pueblo esos años se quedó al margen, todos cómplices directos junto a la Iglesia Católica del genocidio fascista en las islas que se llevó por delante las vidas de más de 3.000 canarios.

Agustín Suárez Hernández

«(…) En el Gabinete Literario se hablaba inglés cuando llegamos detenidos, allí estaban los dueños de media isla tomando whisky escoces con los terratenientes isleños, «los chonis» eran los más despiadados, los más asesinos porque nos odiaban por defender los derechos de los trabajadores de sus empresas, habían cedido parte de lo que tenían para que persiguieran a los dirigentes sindicales de la Federación Obrera, de la CNT, del Frente Popular, les importaba una mierda que estuvieran matando a miles de republicanos en toda Canarias. Por eso no me sorprendí cuando los vi departiendo tranquilamente en una mesa con Eufemiano Fuentes y Francisco Rubio Guerra. Se rieron cuando nos vieron llegar y nos metieron a la fuerza en el centro de tortura, el mismo camión que nos trajo desde el sur era de E. E Lawson y C. Miller, como otros eran de los Fyffes, los Elder, la Compañía General Canaria de Combustibles, S.A. (establecida por Guéret, Llewellyn & Merrett, de Londres), y Blandy Brolhers & Co. S.A. también con sede central en Londres y sucursal en Madeira, las empresas agrícolas de Dan Wuille, J. Yeoward, etc., etc., etc., además de la influencia y amistad del cónsul Patterson con las fuerzas sublevadas contra la República. Ingleses fascistas amigos de aquellos criminales que estaban matando a miles de canarios desde la noche del sábado 18 de julio del 36. Mi primo Agustín Suárez y yo escapamos locos después de varios días de brutales torturas, luego nos mandaron al campo de concentración de La Isleta, yo no me lo creía porque la mayoría de los torturados eran desaparecidos en el mar o en los pozos y agujeros volcánicos de la isla, pero allí acabamos sufriendo todo tipo de penurias, pero al menos sobrevivimos para poder contar todo lo que pasamos, el pobre Tino murió el año pasado, nunca le funcionaron bien los riñones por los golpes que le dieron, no pudo trabajar en su vida al tener la columna muy tocada. Luego estos ingleses pidieron agua por señas cuando vieron la amenaza del nazismo a sus puertas unos pocos años después, los aviones alemanes bombardeando Londres, fueron colaboradores de los criminales de Falange, Acción Ciudadana y militares que asesinaron a miles de canarios. Jamás tendrán mi perdón, aunque algunas de sus empresas sigan en esta tierra, aunque ciertos apellidos de estos genocidas tengan el nombre de algún barrio, museo, calle o centro cultural. Para mi solo merecen que hayan sufrido lo mismo que sufrieron miles de familias canarias que fueron víctimas del horror del fascismo…»

Testimonio de Roberto Hernández Piedra, abogado y empleado como escribiente de Fyffes Limited en los años 30 en Santa Cruz de Tenerife, miembro de la CNT.

Entrevista realizada el 9 de enero de 2006 en Garachico (Tenerife).

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