1 octubre 2020

Desde la choza de cañas

Aparceras 1911 (Kurt Hermann - Fedac)

«(…) Muchachos soñadores de epopeyas,
escuchadme:
El pecho es el lugar que se designa
para el balazo de los mártires.
El pecho, nave heroica
donde retumba el corazón amante,
donde el plomo penetra limpiamente
como en templo de sangre…»

Pedro Lezcano (Consejo de paz)

«(…) En el refugio construido de caña en medio de los tomateros del Conde, allá abajo en Doctoral, no se podía estar pa siempre, no aguantaba las noticias que me traían las compañeras aparceras de los crímenes de cientos de camaradas en toda la isla de Tamarán, me sentía un cobarde allí encerrado día y noche como un búho chico, si salía la muerte era segura, si al menos hubiera tenido un fusil, una pequeña pistola, hubiera podido enfrentarme a los perros fascistas que masacraban a mi gente. Pero de nuevo fui un cobarde, no me atreví, tampoco me dejaban marchar mis hermanos explotados, los esclavos de aquella realeza que poblaba nuestras islas desde el primer instante del genocidio indígena. Eran los mismos apellidos, no había cambiado nada, solo que en aquel 36 ya habían sustituidos las armaduras, los caballos, las espadas y las cruces por ropajes azules, por yugos y flechas criminales, por la cruz gamada hitleriana que enarbolaban por el Camino Nuevo de Las Palmas días antes del golpe de estado. El gofio amasado con agua salobre de la fuente del Castillo me sabía a tierra de cementerio, a sima volcánica, a los pozos que estaban en ese momento repletos de hermanos luchadores con el cuerpo destrozado. Ya el resto lo conoces, el tiempo que me pasé entre zafra y zafra protegido por la gente buena del sur, hasta que me sacaron en el barquillo desde Arinaga pal norte, pa tierras africanas, allá donde me esperaban los camaradas del partido comunista mauritano. Ya nunca he vuelto a vivir tranquilo sabiendo lo que sufrió mi pueblo, pa mi el gofio es polvo sagrado que salvó la vida de nuestros paisanos en los tiempos de posguerra y hambre. No los olvido ahora que mi muerte está cerca, los recuerdo en cada madrugada que me levanto a fumar mirando pa las estrellas de esta ciudad secuestrada…»

Fragmento del testimonio de mi amigo Pedro Bordón Jiménez, maestro republicano en San Bartolomé de Tirajana entre los años 34-36, exiliado en Italia, donde se dedicó al magisterio en el sur de Italia. Entrevista realizada el 14 de abril de 2003 en Cazztelmezzano, provincia de Potenza, Basilicato (Italia).

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