27 de julio de 2026

Dulcificación de la masacre

«Dulcificar el dolor no implica eliminarlo, sino transformar el sufrimiento inevitable al encontrarle un sentido o propósito.»

Viktor Frank

Un indicio evidente de que incomoda a ciertos sectores lo que escribo son las amenazas e intentos de desacreditar o ridiculizar algunos de los textos que publico. El método de novelar algo que se recaba en entrevistas no es nuevo y trata de acercar a quienes lo lean un humilde trocito de lo que sucedió, en mi caso durante la represión del fascismo en las Islas Canarias.

La ficción mezclada con la realidad se hace inevitablemente necesaria como metodología o herramienta literaria. Una forma de hacer “popular” y pedagógico el relato de todo lo que sucedió tras aquel sábado aciago de julio del 36, que llegue a mucha gente, sobre todo a personas que no han tenido la suerte de formarse académicamente. Lo contrario sería un trabajo científico para lo que no me considero cualificado ni lo deseo.

Tan solo soy y no me canso de repetirlo adonde voy: “un familiar de personas asesinadas por el franquismo que escribe”. No tengo otra pretensión y soy consciente de que molesta a quienes de alguna forma pretenden ocultar las miles de torturas y matanzas, esas que aún a finales de 2025 mantienen vergonzosamente a más de 120.000 demócratas en fosas comunes y cunetas en cada rincón del territorio del estado español.

Hoy me rondó por la cabeza al despertar tras bloquear varios perfiles para no entrar en debates y réplicas que no conducen a nada: “Con el fascismo no se discute…”, como bien dijo Buenaventura, restringir solo a mis amistades en las redes todo lo que escribo, que no lo pueda leer nadie más. Luego vi que miles de personas ajenas, desconocidas, comparten cada narración y me quedé en ascuas, pensativo, indeciso.

¿Es “ficción” dar forma al terror? El cerebro de quienes hemos sufrido en nuestras familias todo ese drama desmedido está repleto de datos, situaciones, recuerdos, momentos tristes, dudas, miradas llorosas de nuestros seres queridos que ya no están ¿Hasta dónde debemos practicar las verdades? ¿De qué otra manera construir entre letras y palabras tanto dolor acumulado?

No sé si merece la pena colocarse en esa dolorosa diana imaginaria, aguantar esta presión por pretender que no quede en el olvido todo ese cúmulo de horrendas injusticias, tantas voces apagadas por el olvido planificado, cruelmente premeditado, como herramienta de repetición de lo que supuso la destrucción de tanta esperanza por mejorar las vidas de millones de seres humanos.

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