22 septiembre 2020

El cachorro asesinado

Lola durante el rodaje del documental "La memoria interior, los fusilados de San Lorenzo", de Carlos Reyes Lima

Aparecían cuando menos los esperábamos a cualquier hora de la madrugada y se ponían a dar golpes en la puerta, a llamar a gritos a nuestras mujeres, gritando que se las querían follar por rojas y piojosas.

Juan Tejera Pérez

«(…) Mi hermano Manolo estaba jugando con su perro fuera de la clase de costura, en el patio de Lolita Jaimez, cuando aparecieron los falangistas encabezados por el moro Admeh Mustafá, que vivía en Las Perreras, estaban molestos con nosotras porque Lolita se había negado la semana anterior a bordarles una bandera fascista, se pusieron fuera en formación y el árabe que había sido de la Guardia de Franco, le quitó el perrito a mi hermano, el cachorro no tendría más de cuatro meses, entonces lo lanzó al aire y cuando caía le dio una patada que lo estrelló contra la pared, el animal cayó al suelo y empezó removerse con las patas parriba, echaba sangre por el hocico y los ojos estaba reventados, luego el resto de falangistas empezó a jugar al fútbol con él delante de mi hermano y de todas las muchachas que salimos de la clase, yo creo que a la tercera patada ya estaba muerto, parecía un pobre guiñapo, un trapito peludo de color blanco y negro, mi hermano lloraba y corría de un lado a otro intentado agarrarlo, pero los falanges se reían y jugaban con él al «bobo», el perro iba dejando un reguero de sangre, entonces salió Lolita y se encaró con el musulmán que agachó la cabeza ante los gritos de la mujer, dijo algo con su acento como maldiciendo que no se entendía y los falangistas dejaron al perro. Entonces mi hermano lo cogió como si fuera un peluche roto, Manolito no dejaba de llorar y de insultar a los fascistas, luego vino Paco Bravo que era un jefe del Movimiento Nacional y le pegó a mi hermano una bofetada tan fuerte que lo dejó en el suelo sin conocimiento. El resto de fascistas se marcharon entre risas e insultos a todas nosotras, amenazándonos con violarnos si nos encontraban solas en el algún sitio de Tamaraceite. Desde ese día ya no salí más sola, yo solo tenía nueve años, tu abuela Frasquita me acompañaba a todas partes, esos días no fuimos a vivir a La Montañeta, a la casa de mi tía Victoria, pa evitar que los fascistas nos molestaran por las noches…»

Testimonio de mi madre Lola Tejera, entrevista realizada el 24 de junio de 2003 en su casa de Tamaraceite.

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