25 mayo 2022

El ejemplo del «Pollo Florido»

«(…) Por tu boca truculenta empujaron a Florido, el luchador formidable, el de los brazos fornidos. Al de las anchas espaldas, al de la burra certera, tumbó fuera del terrero la agachadilla trapera…»

Francisco Tarajano (Años malditos)

Que José Santana «Pollo Florido», sigue en la Sima de Jinámar es un hecho demostrado, la historia oral lo dice, lo ratifica, lo confirma hasta con testimonios de falangistas arrepentidos que al verse viejos y enfermos, ante la cercanía de la muerte, han llamado a familiares de asesinados para pedirles perdón confesando el momento preciso de cada crimen.

Incluso el prestigioso ingeniero e investigador de la historia isleña, Jesús Cantero Sarmiento, cuando descendió en el 68 de forma clandestina al fondo de la chimenea volcánica, encontró varios restos humanos, cráneos con agujero de bala en la nuca que siguen «escondidos» en los sótanos del Museo Canario, observando también, uno al lado del otro, dos esqueletos, uno con correajes y simbología fascista, otro de huesos fuertes, con una muñequera de las utilizadas en la brega del deporte vernáculo de las Islas Canarias en aquellos años.

La acción heroica de Florido tuvo testigos directos, nazis de Telde y de Las Palmas, que vieron como se soltó las ataduras y se fue a por ellos con aquel cuerpo atlético de más de ciento veinte kilos, puro musculo, un fenómeno de la naturaleza, un portento de técnica y fuerza, miembro del Club de Lucha Adargoma, puntal renombrado, reconocido, de los que no perdía una agarrada.

Ahí están sus testimonios, aunque los gobernantes actuales de la isla lo pretendan silenciar, ni un homenaje nos dejaron hacer, cuando en 2017 quisimos que dos selecciones del Norte y del Sur de Gran Canaria se enfrentaran rindiendo tributo a un luchador dentro y fuera del terrero, comunista, revolucionario, de los mejores deportistas de la historia de Canarias.

El ejemplo memorable del «Pollo Florido», supone un hito de suma importancia para nuestro pueblo, el símbolo de la resistencia hasta el último instante de una vida, llevándose al fondo del agujero del horror a los asesinos, a todo lo que representaban en su genocidio, su particular Holocausto, respaldado por una oligarquía sanguinaria y una Iglesia Católica criminal.

Florido sigue vivo para quienes seguimos pensando que un mundo mejor es posible, que algún día, más temprano que tarde, personas decentes que se dediquen a la gestión de lo público de forma imparcial y honesta lo sacaran de esa fosa común, uno a uno, hombre a hombre, hueso a hueso, hasta el armazón cálcico y femenino de la maestra republicana Maribel Castro, asesinada en noviembre del 36, a todas las cientos de personas de bien que fueron arrojadas al abismo por defender la libertad.