«Utilizaban las vírgenes y los santos para amedrentar y arrodillar al pueblo nativo, luego tras convertirlos empezaban a violar a las mujeres y a las niñas, a los hombres tras romperles la cabeza con un palo se los echaban a los perros que los devoraban…»
Antonio Perelló Andújar
A veces desde la distancia de donde vivo conecto la TVC. Encontrándome hoy durante unos instantes antes de cambiar apresuradamente de canal con la ceremonia cívico militar de este viernes 15 de agosto en honor de la Virgen de Candelaria, isla de Tenerife.
Tipos uniformados con medallas, soldados armados, música militar, varios civiles enchaquetados con una especie de boina roja que no entendí, a mi me recordó a Falange. La alcaldesa de riguroso luto, entre otros cargos públicos también de negro configuraban una imagen surrealista de tristeza y oscuridad, el NoDo canario tal vez, que me trajo recuerdos de la criminal dictadura franquista. Automáticamente la mente me llevó al vergonzoso monumento a Franco de Santa Cruz y como los gobernantes de la isla lo mantienen vulnerando las leyes de Memoria Democrática, burlándose año tras año del dolor de las familias de miles de personas torturadas y asesinadas por el fascismo en todo el territorio insular.
Sigo sin entender cómo se mantiene ese vínculo entre las ceremonias religiosas con las Fuerzas Armadas.
¿No cambia nada desde el golpe de Estado del 36?
Esa gente empaquetada y uniformada dan la impresión de estar muy lejos de las necesidades de la población de una Comunidad Autónoma que bate récords en exclusión social y empobrecimiento extremo.
Sinceramente me generan repulsión estas dantescas exhibiciones patrióticas, más cercanas a la dictadura y al colonialismo ancestral que a la democracia plena que nos venden desde sus absurdas proclamas.
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