25 noviembre 2020

Imagen: Los estudiantes intentan resistir el agua lanzada por los antidisturbios durante los incidentes en la manifestación estudiantil frente a la sede del Ministerio de Educación en la calle de Alcalá de Madrid, el 23 de febrero de 1987. La protesta en contra de la Selectividad y la subida de las tasas académicas, que paralizó durante una semana las enseñanzas medias, acabó en una batalla campal, con una adolescente herida de bala (RICARDO GUTIÉRREZ)

«La comisaría de la Plaza de la Feria la convirtieron en una inmensa sala de tortura, allí se esposaba y se golpeaba con la mano abierta en los oídos de las víctimas, se aplicaban técnicas depuradas de tortura como el submarino, la corriente eléctrica en los genitales, se violaba, se colgaba por las piernas y otras aberraciones. Todo esto sucedió en dictadura pero también en democracia.» Carlos Arbelo Gutiérrez

«(…) Me arrastraron por los pelos desde la bombona de los grises a la entrada de la comisaría de la Plaza de la Feria, yo trataba de incorporarme pero no podía, pataleaba como una loca, lloraba, gritaba, recibí una patada en la cara de uno de los policías que me rompió el tabique nasal, el más gordo, aquel que estaba en Triana y comenzó el desalojo delante de la Delegación de Educación, yo tenía quince años, no más, nunca había estado detenida, pero aquel odio no lo he sentido nunca en mi vida, el uniformado me siguió pegando y ya no podía ni seguir gritando, si gritaba me pegaba más fuerte y todavía no había traspasado el umbral de aquel centro de tortura, la comisaría de la muerte. Dentro un montón de muchachos y muchachas, todos estudiantes de mi edad más o menos, del «Pérez», del «Tomás», de «Maestría»…, algunas compañeras con el uniforme del Isabel de España, otros con vaqueros destrozados, camisetas Lee Jeans echas una mierda en manos de aquellos asesinos. En la galería nos esposaban a un tubo que recorría de adentro afuera todo el espacio, el suelo resbalaba por la sangre, charcos enteros, las paredes salpicadas del líquido rojo. Caras conocidas atoradas, desaladas de miedo, éramos demasiado jóvenes quizá, los policías se metían rayas de coca allí delante de nosotros, se pasaban un espejo repleto de polvo blanco, eso los hacía más valientes, tal vez, no lo sé o era la medicina que necesitaban para seguir pegándonos sin sentir remordimientos, no acordarse de sus hijos de nuestra edad que estarían en aquel momento en casa si apoyar la huelga estudiantil. A mi me metieron en una de las salas, me obligaron a quitarme el pantalón y en bragas me daban con las toallas mojadas en los muslos, me pellizcaban las ingles, uno intentó quitarme las bragas para violarme, yo empecé a gritar como nunca he gritado, los grises se reían a carcajadas: -No te la folles aquí cabrón- dijo uno con acento andaluz. -Métete pa dentro que aquí te ven todos buitrón- Toda la comisaría era un escándalo de gritos de dolor, las palizas, los golpes, las esposas apretadas en nuestras muñecas, la noche entera llorando, esperando que vinieran a violarme, a destrozarme por dentro y por fuera. Luego la cara de mi madre esperando afuera, mi padre con el coche en marcha, el abrazo, el llanto, la caricia después del horror…»

Testimonio de Alicia Caballero Hernández, estudiante del Instituto Isabel de España, «El Isabel», en el año 1972, detenida y torturada por la policía española. 

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 18 de enero de 2016, en el barrio de Las Alcaravaneras, Las Palmas GC.

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