30 julio 2021

Las enfermeras españolas saludan a Franco en 1939 después de tres años de guerra civil. • Créditos: Colección Hulton-Deutsch / Corbis - Getty

«¿Cómo es posible que aún hoy no haya consecuencias de lo que ocurrió entonces? Hablamos de los abusos sexuales, maltratos, vejaciones, operaciones experimentales, robo de bebés y esclavitud, entre otras cosas, que vivieron miles de niños durante el franquismo solo por ser catalogados como ‘hijos del pecado‘. Estos pequeños eran hijos de madres solteras, provenían de familias pobres, o, lo que era peor aún en la época, sus padres eran republicanos».

María Palmero

«(…) Antonio Doreste, «El Pelao», estaba empeñado en que mi padre le diera en adopción a mi hermana Candelaria, sabía bien por la miseria y el hambre que estábamos pasando después del Alzamiento, por eso le dio por venir a la casa de Los Llanos de María Rivera, aparecía allí todos los días con el mismo coche que usaban pa detener a los republicanos. Mi hermana y yo nos escondíamos en el alpendre, el viejo le decía que la chiquilla estaba pa Las Palmas con la madre, pero el fascista insistía, no había quien lo parara. Estuvo varias semanas sin venir en marzo del 37 y un día a primera hora vino con Eufemiano Fuentes, que era el jefe de Falange de toda la provincia. Se bajaron del coche vestidos de azul con la boina roja y su camarilla armada hasta los dientes, entonces el tabaquero cogió a mi padre por la camisa y le dijo: -Queremos a tu hija sucio bastardo, queremos a tu hija o te llevamos con nosotros y no vuelves más a esta mierda de casa- Mi padre le dijo que no se la daba, que la chiquilla era sagrada, Doreste le puso una pistola en la cabeza y lo obligó a ponerse de rodillas, entonces mi hermana salió del escondite y les dijo que se iba con ellos, Eufemiano la cogió por el brazo y le manoseó las tetas: -Está buena pa la casa el Conde en Cercados de Araña- dijo. Todos sabíamos que allí tenían a mujeres de republicanos asesinados y que las usaban como entretenimiento de los del Movimiento, que por allí pasaban todos los mandos del ejército y la guardia civil, los jefazos falangistas pa abusar de las mujeres. Mi padre se quedó arrodillado mientras se la llevaban, Cande tenía 14 años, la metieron en el coche subiéndole el vestido, tocándole el culo, riéndose de ella, no la vimos más, nos quedamos allí en el pago desalados (1), mi padre les rogó que la dejaran y Eufemiano sacó la pistola y dio varios disparos al aire. Se fueron por la carretera el centro pa Las Palmas entre risas. Siempre he querido saber que fue de mi hermana, pasaron los años y me enteré por un amigo de Las Lagunetas guardia de asalto, que la habían tenido en varias casas de putas hasta que cumplió los 25 años, que también estuvo viviendo con Doreste unos meses en una finca que le había robado a un asesinado en Pino Santo, que un capitán borracho le desfiguró la cara una noche con una navaja, que la usaron como quisieron y luego se la vendieron a un jefe de la Guardia Mora de Franco que vivía en Agüimes. Hasta ahí supe, mi padre se murió de pena a los dos años, casi no hablaba ni comía, mi madre enfermó de cosa mala, se quedó muda y se volvió loca, la ingresaron en el manicomio de Tafira, yo me vi solo con la casa, las tierras y las cuatro cabras y ovejas, nunca podré perdonarles lo que nos hicieron, como destrozaron a mi familia por el capricho de un criminal…»

Testimonio de Antoñito Cabrera Ramos, vecino en su infancia de Santa Brígida (Gran Canaria), en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 21 de diciembre de 1997, en Cueva Grande, municipio de San Mateo.

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