3 octubre 2022

Fragmentos de una novicia

Se calcula que durante la Guerra Civil Española y la posguerra unos 300 000 niños o bien fueron arrebatados a sus madres republicanas porque estaban encarceladas, o bien fueron tutelados porque sus madres habían muerto a manos del propio ejército franquista

“Les enseñaremos a las mujeres el cuidado de los hijos, porque no tiene perdón el que se mueran por ignorancia tantos niños que son siervos de dios y futuros soldados de España”.

Pilar Primo de Rivera, fundadora de la Sección Femenina de la Falange

Gema Ramírez Acosta, religiosa valsequillera, ponía mala cara cuando separaban un día antes a los niños que iban a vender, ella que era novicia siempre defendía la postura de Sor Amparo, enemiga acérrima de los abusos sexuales de los curas sobre los huérfanos del hospicio del Paseo de San José, del negocio montado por los jefes de Falange junto a la Iglesia Católica, siempre a espaldas del Obispo vasco, Antonio Pildaín Zapiaiaín, contrario al brutal genocidio sobre más de 5.000 canarios; al negocio organizado con aquellos pobres chiquillos víctimas del lucrativo tráfico de seres humanos.

La mañana del sábado 11 de junio de 1938, cuando separaban a los hermanos Curbelo, hijos del militante libertario de la CNT, Chano Curbelo Alemán, vecino de Santidad, municipio de Arucas, que fue desaparecido por una Brigada del Amanecer la madrugada del 12 de marzo de 1937, la joven hermana se enfrentó a la madre superiora, Sor Rocío Benitez de Lugo y al jefe falangista firguense, Francisco Rubio Guerra, tomando en sus brazos al más pequeño de los hermanitos que solo tenía cinco años; la monja lo apretaba contra su pecho abrazándolo, hasta que uno de los nazis con un parche en el ojo derecho le dio un culatazo en la nuca con el máuser.

Cayó al suelo desmayada entre un charco de sangre, el mando uniformado de azul ordenó que le quitaran los hábitos y se la entregaran “como regalo” a los miembros de la Guardia Mora, soldadesca musulmana que custodiaba a un grupo de veinte presos esclavos que montaban paredes de piedra seca en una finca del terrateniente, Matías Vega Guerra, junto al cementerio de Vegueta.

Con tan solo dieciocho años estuvo sometida a todo tipo de prácticas vejatorias durante una semana en los barracones donde dormían los miembros del conocido como, Tabor de Regulares Indígenas, fuerza colonial del ejército de tierra español integrada por reclutas voluntarios marroquíes.

Como una muñeca rota pasó por las manos de todos aquellos borrachos salvajes y crueles, hasta que fue degollada la tarde del domingo 26 de junio del mismo año, para ser enterrada desnuda y rapada en una de las fosas comunes del mismo camposanto, donde eran inhumados los republicanos fusilados en el campo de tiro de artillería de La Isleta:

-Ahí esta puta follada por hombres de verdad, estará bien acompañada por todos esos maricones rojos de mierda- dijo entre risas y rones, Alfredo Rivas, secretario del grupo fascista Acción Ciudadana, conocido empresario de la ciudad de Las Palmas.