27 octubre 2021

Fuego que repara y persecución de la disidencia en España

A mi también se me han ido las manos más de una vez al mechero para quemar cualquier imagen de quienes representan la tiranía, el esperpento y el despilfarro.
¿También me van a condenar por pensar aunque no haya cometido el supuesto delito?
 
El régimen español ha hecho de nuevo el ridículo, mostrando su verdadero rostro fascista al condenar a dos jóvenes de Girona por quemar las fotos de unos tipos y tipas que nadie ha elegido en elecciones libres, que gozan de sueldazos por no hacer nada, a los que llaman pomposamente “majestades” en sus besamanos y fiestorros masivos, siempre pagados con el dinero de la sanidad y la educación pública.
 
El Tribunal Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo lo ha dejado bien claro a la Audiencia Nacional y al Constitucional, cuerpos jurídicos integrados en su mayoría por jueces vinculados al partido ultraderechista en el gobierno. Estrasburgo dice que la condena a los dos jóvenes fue desproporcionada y que de incitación al odio nada de nada, que su acción entra dentro de la libertad de expresión y de la crítica legítima.
 
Dicha entidad internacional recuerda que la quema de fotos no estuvo acompañada de ningún disturbio y que expresaba una opinión dentro del debate sobre “un asunto de interés público”, esto es, la institución de la Corona.
 
Para los jueces de Estrasburgo, tomar como “discurso del odio” una crítica política de este tipo implicaría interpretar de forma “demasiado amplia” su propia jurisprudencia en cuanto a las excepciones a la libertad de expresión, siendo perjudicial para el pluralismo, la tolerancia y la apertura propias de cualquier sociedad considerada “democrática”.
 
La violación del Artículo 10 de la Convención de Derechos Humanos coloca al régimen español a la altura del Chile de Pinochet, la Argentina de Videla, el Perú de Fujimori, la Colombia de Santos o la España del criminal de lesa humanidad Francisco Franco, cosa normal ya que gobiernan sus herederos directos y ciertos togados siguen la estela falangista corriéndose de gusto cuando visualizan en su ardor patrio el yugo y las flechas.
 
En una España sembrada de fosas comunes y cunetas repletas de los huesos de cientos de miles de demócratas asesinados, el segundo país del mundo después de Camboya en asesinatos de estado, el encarcelamiento de quien piensa diferente es lo normal, perseguir la disidencia es lo habitual, robar el patrimonio público del estado sin que pase nada es lo más común, esa impunidad que avergüenza a las personas de bien, a los estados democráticos de la Tierra, que contemplan la deriva fascista de la España de la Gürtel, el delincuente cuñado real y la corrupción política generalizada.
¡Absolución ya para Enric Stern y Jaume Roura!