22 junio 2021

Fusilamiento de la brisa

Tropas republicanas capturadas por los nacionalistas al final de la guerra antes del fusilamiento

Al paredón del campo de tiro de La Isleta llegaban cada día los que iban a ser fusilados, hombres de todas las edades, destrozados pidiendo por sus familias, por sus hijos que se quedarían huérfanos, los disparos se escuchaban a kilómetros a la redonda, todos los vecinos sabíamos que estaban asesinando a lo mejor de nuestro pueblo».

Rosita Medina Godoy

«(…) Pocos se presentaban voluntarios para fusilar, entonces tiraban de los soldados que hacíamos el servicio militar. Eran tantos ya a los que había que ejecutar, cientos, que no les era suficiente con los patriotas que se prestaban a cada asesinato. Yo siempre temblaba como temblaban los condenados, la diferencia es que yo estaba al otro lado, con un máuser frío como el hielo en mis manos, apuntando al pecho, como nos decían, que ahí era muerte segura, al final la bala le entraba por un ojo o por la boca, causando un estrago de sangre y cerebros que nos salpicaba la ropa o la cara. No te podías negar si te tocaba el pelotón, te jugabas la vida, que te acusaran de rojo enemigo de la unidad de España. Entonces te podían fusilar o pegarte directamente un tiro en la nuca sin mediar palabra. Vi hombres rezando con un Rosario en las manos, otros puño en alto dando vivas a la clase trabajadora. Al final, en ese último instante, sus ojos eran de niños indefensos recordando a sus madres, la niñez, cuando unos brazos protectores los libraban de todo mal. Pero allí solo había oficiales con ansias de sangre, perros rabiosos que gozaban con ver matar aquellos inocentes, familias enteras de falangistas como público enfervorizado, hasta niños vestidos de azul, que venían con sus padres de cada rincón de la isla a ver fusilar, como quien va a una luchada o a un partido de fútbol: -Apunta bien cabrón que te estoy mirando- me decía el teniente Lázaro al oído cuando pasaba revista, yo siempre apuntaba al pecho, por lo del corazón, tras la detonación no sabía si la bala se iba directa al cielo rojo de sangre…»

Testimonio de Antonio X (Nombre ficticio), soldado de quinta participante en fusilamientos en el campo de tiro de La Isleta (Las Palmas GC).

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, julio de 1998, en Arucas (Gran Canaria).

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