25 noviembre 2020

Heroína y picolo

Imagen: Martín Villa haciendo el saludo fascista. Foto: Paco Elvira © Madres contra la droga protestan en los años 90 ante la Audiencia Provincial de Galicia. ÉRGUETE

“Había traficantes con licencia para traficar a cambio de dar información sobre el movimiento popular o sobre ETA. Luego había otros que pagaban grandes sumas de dinero a las fuerzas de seguridad, sobre todo, de Intxaurrondo (Guipuzkoa). Eso lo recogió el fiscal de la Audiencia Provincial de Donosti Luis Navajas en el famoso informe Navajas [1989]”.

Justo Ibarrola, autor del libro A los pies del caballo. Narcotráfico, heroína y contrainsurgencia en Euskal Herria

«(…) Los policías estaban de acuerdo con muchos de los camellos y chivatas de toda la vida de El Risco, del Buque Guerra, de El Polvorín, de los Polígonos de Cruz de Piedra, de San Cristóbal, de Jinámar, había contactos en todos los barrios para meter aquella mierda, me acuerdo una noche en la Comisaría de la Plaza La Feria, cuando el sargento Peralta de la Guardia Civil y el Comisario Cuartero de la Policía Armada, estaban hablando con Antonio «El lechero», un conocido camello de San José, una vez que me detuvieron y le decía que «la mejor forma de acabar con tanto independentismo y rojerío era con la droga», que «ya lo habían probado en Vascongadas y les había funcionado», que «muchos de los que iban de valientes con la Ikurriña ahora se arrastraban y chivateaban por una puta papela de jaco». Enseguida se notó el efecto en Las Palmas, hasta ese momento muchos de los pibes no pasaban de las pirulas y la fumada, pero con restricción de lo que se consumía habitualmente muchos probaron la heroína y ya la cosa estaba jodida, a la segunda o tercera vez ya se quería más y más, la gente se volvía insaciable y en unos meses los barrios cambiaron radical, todo dejó de ser lo que era en barrios donde luchábamos por nuestros derechos, se empezó a ver mucha gente flaca, casi esqueletos, empezaron los robos a los propios vecinos, cuando siempre se respetaba, lo último que pensábamos era robarle a nuestra gente, a las madres de los colegas, a los coches de quienes conocíamos de toda la vida, desde que éramos niños, a los que empezamos a romperle los cristales para luego vender en una mierda el radio cassette o lo que encontrábamos dentro. Todo por conseguir pasta para el consumo de aquella nueva droga que destrozó la vida de miles en toda Canarias, que se cargó a parte de una juventud que en aquellos años todavía soñaba con la revolución. El consumo ya no era para cogernos el vacilón fumando y tragando pastillas, con guitarras y pandillas donde se hablaba de todo, también de política, de lo mal que estaban haciendo aquello que llamaban «Transición» y que no era más que un engaño para que los mismos fascistas, ahora demócratas de toda la vida, siguieran en el poder robando como hicieron durante cuarenta años de dictadura. Fue desolador, yo el tiempo que estuve enganchado vi de todo, lo peor es que nunca llegas a estar fuera del todo, si te vienen los jodidos pensamientos chungos lo primero en que piensas es en el jodido caballo, en evadirte con un vuelo, en no salir jamás, en seguir colocado hasta la muerte. Eso hicieron y yo te puedo asegurar, sin que pueda parecer una excusa para los que nos metimos, que estaba todo programado, que muchos se metieron porque quisieron y porque les gustaba, pero que una gran parte de la juventud se metió por la puta policía que hizo de brazo ejecutor del principal objetivo del estado español: cargarse a la juventud más combativa…»

Testimonio de Carlos Herrera Rodríguez, «El Capi», vecino del barrio de Schamann (Las Palmas GC), víctima de la heroína en los años 80-90.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 7 de mayo de 2014, en el barrio de Las Remudas (Telde).

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